“Cuánto más me adentro en la neurociencia más cerca estoy de Dios”

“Cuanto más profundizo en la neurociencia, más me acerco a Dios”

SARA DOBARRO: Periodista, escritora, neurocientífica y coach. Movida por la esencia del humanismo y la comunicación, investiga los procesos cerebrales de las emociones para transformar a las personas a través de su método mSD.

La experiencia y trayectoria profesional de la periodista y neurocientífica Sara Dobarro está siendo de vital importancia para la consolidación de los equipos de distintas entidades conectadas con la Delegación Episcopal de Fundaciones de la Archidiócesis de Madrid. El valor sobre el que pivota su vida personal y profesional es el amor, entendido como la principal fuente generadora de energía y conocimiento. De ahí que no resulte extraño escucharle en su discurso diáfano y sosegado que: “cuanto más profundizo en la neurociencia, más me acerco a Dios”.

¿Cómo se conjuga el binomio comunicación y Dios?

“Todo el proceso de la vida se debe a la comunicación. Nosotros somos fruto de la comunicación entre un hombre y una mujer.  Eso, unido a una esencia o espíritu que avanza, gracias a la evolución que vamos traspasando de generación en generación a través del ADN.

La neurociencia estudia el cerebro, que no es más que el ordenador central  que se dedica a desarrollar procesos de comunicación. En él podemos llegar a conectar con la parte más elevada del ser humano, que es la parte espiritual, la parte de Dios que no podemos tocar y que es objeto de debate internacional desde distintas disciplinas: médicas, teológicas, neurocientíficas…

¿Cerebro y mente es lo mismo?

No. No es lo mismo. El cerebro es el continente, el conjunto físico de neuronas y datos que van evolucionando y están implícitas en un ADN. La mente es la parte espiritual: lo que no se puede cortar, ni ver en una resonancia magnética funcional.

¿Por qué el conocimiento de la neurociencia ayuda al crecimiento de las personas?

Hace poco se ha publicado un estudio que afirma que dentro de nuestra cabeza tenemos hasta 11 dimensiones. Estamos hablando de una organización tan perfecta que no puede ser casual, sino causal. Todos somos únicos: cada cerebro tiene sus peculiaridades para que, en el breve tiempo que nos toca vivir, aprendamos de la diversidad.

Lo que trabajamos en las formaciones es el equilibrio entre la parte emocional y cómo razonamos para que, de una manera consciente, se tenga la seguridad necesaria para trabajar con éxito. Cuanto más profundizas en las estructuras cerebrales, más te das cuenta que todo está tan perfectamente imbricado y relacionado, formando parte de un todo ­-que incluye al universo-, que debe estar diseñado por un ser superior.

Afirmas que cada uno de nosotros somos una réplica del universo…

No lo digo yo sola: es una corriente que también defiende el doctor y catedrático de física David Jou en la Autónoma de Barcelona.

El cerebro, con lo poco que conocemos, es ya una maravilla: como decía antes, es el gran ordenador. Las réplicas informáticas no dejan de ser malas copias del original, que está en la cabeza del ser humano. Pero si estudiamos el cerebro desde la física cuántica, podemos ver el paralelismo que hay con el universo. Cada uno de nosotros estamos conectados con el cosmos. Y eso es espectacular. Todos formamos parte de esa evolución y de ese perfeccionamiento que nos acerca a Dios.

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