«Ahora es el momento»

Ahora es el momento

Por María Suárez

Todo comenzaba el 8 de marzo de 1857 con la manifestación de un grupo de trabajadoras textiles, por las calles de Nueva York, en contra de los bajos salarios que percibían. Esta reivindicación se saldó con el incendio de una fábrica en la que más de 120 mujeres perdieron la vida. Tuvieron que transcurrir 118 años desde aquel punto de inflexión para que en 1975 la ONU reconociese esta efeméride con el Día Internacional de la Mujer. A pesar de los logros obtenidos, las desigualdades laborales, la dificultad en la conciliación familiar y el techo de cristal, que sigue obstaculizando la paridad de la mujer en puestos directivos, es una realidad en el 2018.

Para esta ocasión hemos querido fijar nuestra mirada en cuatro mujeres de diferentes generaciones que están marcando su impronta en las fundaciones a las que están vinculadas. «Ahora es el momento», es el lema propuesto por la ONU para este año, en el que se quieren eliminar las barreras existentes entre las mujeres rurales y urbanas. Una apuesta a la que nos sumamos apostando por la Casa Común en la que no hay distinciones por raza, sexo o género. 

Para ello, hemos conversado con cuatro mujeres que han compartido con nosotros su visión sobre las relaciones de género y hacia donde debemos encauzar nuestros pasos para alcanzar una zona de entendimiento que nos sume a todos.

Inés García, estudiante de matemáticas y física, colegiala del Colegio Mayor Juan XXIII Roncalli
Inés García, estudiante de matemáticas y física, colegiala del Colegio Mayor Juan XXIII Roncalli
Marta Gómez Santamaría, trabajadora social del programa de acogida a familias monoparentales de la Fundación San Martín de Porres
Marta Gómez Santamaría, trabajadora social del programa de acogida a familias monoparentales de la Fundación San Martín de Porres
María José Plaza Bravo, Presidenta de Hermandades del Trabajo en Madrid
María José Plaza Bravo, Presidenta de Hermandades del Trabajo en Madrid
Eusebia Grande Escudero, residente de la Residencia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro
Eusebia Grande Escudero, residente de la Residencia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro
¿La desigualdad de género es una realidad?

Inés: Ahora mismo yo creo que sí hay un problema de desigualdad del que no nos damos cuenta. Tenemos muchas actitudes en las que, sin querer, asignamos un rol diferente al hombre y a la mujer que nos hace desiguales. Se ha avanzado en muchos ámbitos, aunque hay que seguir luchando… Yo veo desigualdad en cosas que llevamos tan intrínsecas los jóvenes como en las entradas de las discotecas, que las mujeres solo por ser mujeres no pagan. Parece que está muy bien pero si te paras a pensarlo ese comportamiento solo contribuye a tratar a la mujer como un producto, poniendo al hombre como al consumidor.

Marta: Sobre la desigualdad de género mi postura es optimista. Hemos avanzado mucho en los últimos años gracias a la lucha de muchas mujeres y hombres, pero todavía necesitamos equipararnos en otros derechos. Por ejemplo, en la Iglesia, cada vez es mayor su implicación en este sentido y a través de los valores que trasmite y de los proyectos de su obra social vemos que la preocupación por igualar en derechos a hombres y mujeres está cada vez más presente. Nosotros desde el proyecto que tenemos para atender a familias mono parentales trabajamos por conseguir que estas mujeres accedan a la participación en espacios sociales, laborales, familiares… Esto no es fácil cuando no se cuenta con redes de apoyo externo y cuando además muchas de ellas apenas tienen formación. Nuestra dedicación a estas mujeres es amplia en el tiempo y suele alargarse más de dos años en muchos casos.

María José: La desigualdad entre hombres y mujeres no es algo bueno, no es deseable y no constituye un indicativo de progreso. En un contexto global, es indudable que aún queda bastante por conseguir, se trata de un hecho probado. Las situaciones de injusticia y de falta de reconocimiento que padecen tantas mujeres es más que preocupante y nos exige tomar una actitud activa para asumir una clara conciencia de que es un problema que hay que solucionar, y para adoptar medidas activas para terminar con la discriminación, comenzando por nuestro día a día y terminando por todo lo que podemos hacer desde nuestros puestos de responsabilidad.

Eusebia: Mi postura es que la desigualdad es totalmente injusta.
Iguales-iguales, está claro que no somos. Entre cualquier persona hay diferencias, pero no debe haber tanta desigualdad por condición de género porque es injusto que el hombre deba tener o ser más o menos que la mujer. En el desarrollo de la historia la mujer ha solido llevar más las cosas de la casa y el hombre las cosas de fuera y cambiar estas costumbres va a llevar tiempo, pero estamos en ello.

Estoy de acuerdo con la lucha por una igualdad, tanto que saldría con ellas a reivindicarlo a la calle, como he hecho cuando era joven, pero hay que tener cuidado con cómo se dicen y se hacen las cosas, porque no todo vale.

 

¿Cree que existe una brecha salarial, y el llamado “techo de cristal”? ¿Lo ha experimentado alguna vez?

Inés: Evidentemente los datos dicen que sí. Existe una brecha que llevamos inherente, puede que no se deje acceder a la mujer a ciertos puestos que impliquen un salario mayor por esa idea que tenemos integrada, y de la que a veces no somos conscientes.
Es cierto que en una empresa, por el hecho de ser mujer y de poder tener la opción a quedarse embarazada estás condicionada, cosa que me parece fatal y que deberíamos erradicar, porque en un embarazo deberían ser iguales los dos progenitores, pero en ello estamos.
En el campo de la física donde me muevo puedo comprobar que muchos de mis profesores son hombres, y que mujeres hay muy pocas y sin embargo en facultades como medicina o enfermería hay muchas más mujeres… Y probablemente en un futuro, ojalá que no, me llegue a pasar alguna de estas dos situaciones por intentar llegar a una beca de investigación en física o matemáticas.

Marta: Ambos son problemas patentes en nuestra sociedad. Tanto la brecha salarial como el techo de cristal. En algunos trabajos las mujeres cobran menos que los hombres a pesar de tener el mismo rango y generalmente resulta difícil acceder a la promoción de los puestos de trabajo de rango más alto. En cuanto a si en alguna ocasión lo he experimentado directamente, puedo decir que en algunos empleos he sentido que se valoraba más a los hombres a nivel profesional, aunque también he de decir que este tipo de situaciones las viví siendo más joven y cuando desempeñaba trabajos que no eran técnicos y donde el nivel de formación requerido era más bajo.

María José: Sobre el tema de la brecha salarial, está siendo una constante desde hace unas semanas en los medios de comunicación. Si objetivamente sucede, es una barbaridad y, entendible, que resulte tremendamente desmotivadora.
El techo de cristal es otro tema, si no hay una decisión personal para optar y “quedarse en una categoría profesional”, no es justo y la injusticia no produce efectos deseables. Es evidente que todo no se puede tener, tomar un camino exige dejar otro, la clave es decidir responsablemente y en libertad y que nadie ose emitir un juicio. Es muy frustrante (usaría otro adjetivo) no poder avanzar profesionalmente porque el ambiente no te lo permite, porque no confía en ti, porque no cree en ti, porque, injustificadamente, no te ve capaz… no avanzar por la mediocridad. los frenos de terceros, del sistema o del ambiente… es otro tema.

Eusebia: Claro que existe. No hay más que comparar las nóminas de un hombre y una mujer que tengan el mismo puesto de trabajo. Y es algo que me pone muy nerviosa y me parece muy injusto.

Hay muchos condicionamientos como cuidar de su casa y compaginarlo con el trabajo que depende de cada uno saber si pueden llevarlo a cabo sin que afecte a alguna de esas dos partes. Todo no se puede, hay que elegir…

Como profesora funcionaria nunca he sufrido alguna de estas cuestiones.

 

¿Para defender a la mujer hay que atacar al hombre?

Inés: No. Lo que hay que hacer es invitar a la reflexión sobre la asignación de roles por ejemplo… No debemos atacarles sino ayudarles a ver la realidad desde otro punto de vista.

Marta: No. Otra cosa es que podamos usar la discriminación positiva para alcanzar unos mínimos o un punto de partida similar al que tienen los hombres, pero eso no significa que en nuestro discurso tengamos que situar al hombre como nuestro enemigo, porque no lo es, al contrario, debe ser nuestro aliado para superar la discriminación y la desigualdad.

María José: Atacar para defenderse, éticamente es admisible, en casos de legítima defensa. Fuera de esto: el fin no justifica los medios. Cabe que funcione mejor no dejar de estudiar y formarse, cultivar la proactividad, la profesionalidad e intentar cuidar las formas, sabiendo argumentar tan serenas como seguras.

Eusebia: No, no, no. Porque atacar al hombre solo contribuiría a crear una guerra de sexos… Hay machistas que se lo pasan muy bien machacando a la mujer, en lo que estoy completamente en desacuerdo, pero quitando esos casos anormales no hay que atacar a nadie, ni siquiera a quienes nos atacan.

 

¿Cómo debemos educar a nuestros hijos para frenar el acoso sexual o sexista? ¿Y para frenar la desigualdad?

Inés: Yo intentaría no encasillarles en nada por el hecho de ser de un género u otro. Como en el ejemplo de los juguetes, si es un chico y quiere jugar con cocinitas y bebés, ¿qué problema hay? Hay que normalizarlo y lo importante en la educación es poder darles la capacidad de elección para que desarrolle la personalidad que él elija y no la que se le imponga desde la sociedad.

Marta: Yo creo que es muy importante trasmitir a nuestros hijos la idea del respeto hacia los demás, así como la idea de igualdad entre hombres y mujeres. Desde niños es muy importante hacerles sentir que todos tenemos los mismos derechos y que debemos hacerlos respetar. El acoso sexual se frena educando en valores a nuestros niños y haciéndoles partícipes de su implicación para frenar esa desigualdad. La educación en los centros escolares o en el seno de la familia debe trabajar por conseguir esto.

María José: Decía Vázquez de Mella: “Levantan tronos a las causas y cadalsos a las consecuencias”. En esta misma línea, C.S. Lewis en su magnífico (intenso y absolutamente recomendable) ensayo “La abolición del hombre” sobre la condición moral de la persona, expone esta idea: la existencia de valores objetivos (externos a la subjetividad de la persona y válidos en sí mismos) que pueden ser conocidos a través de la razón. Valores objetivos que son fundamento para la cohesión social y condición posibilitadora del “bienser”. Lewis pasa a describir las consecuencias que tendría (que está teniendo) su cuestionamiento y negación en el ámbito personal y en el contexto social. Aplicado a nuestros días, por un lado, la dificultad de exigir comportamientos éticos a las personas socializadas en la cultura de la posverdad, que se burla y anula los límites de la ética; pero que se escandaliza cuando alguien, en el ejercicio de su propio criterio, no ve como nociva una determinada forma de actuar o pensar y la pone en práctica con gravísimas consecuencias para el bienestar (e incluso la vida) de terceros. Es -tristemente- ilustrativo, pensar el daño que están provocando las conductas de aquellos socializados en un ambiente que no les pone límites. Siendo, preocupante, por significativos, fenómenos tales como las agresiones en las aulas (entre compañeros o contra profesores), el consumo de sustancias que generan dependencia, la banalización de la sexualidad, cuando no la hipersexualización, el (ciber) acoso, los excesos en el disfrute del tiempo libre, … C. S. Lewis lo expresa así en este ensayo: “Hacemos hombres sin corazón y esperamos de ellos virtud e iniciativa. Nos reímos del honor y nos extrañamos de ver traidores entre nosotros. Castramos y exigimos a los castrados que sean fecundos”. Frente a la sociedad líquida, el relativismo y la posverdad… filosofía propongamos a Aristóteles, a Santo Tomás de Aquino y, naturalmente, a Jesucristo.

Eusebia: A los niños y niñas hay que educarles de manera muy distinta a como se nos educaban en mi época… La niña a hacerse la cama y al niño se la hacían. Eso es empezar muy mal el desarrollo de una persona, con desigualdades desde la infancia. Con amor los progenitores tienen que saber educarles equilibradamente y desde ahí informarles para protegerles contra lo que pueden encontrarse en la sociedad.

¿Envidia a los hombres? ¿Cuál es su mayor aspiración, ambición o sueño como mujer?

Inés: No, no les envidio. Me da pena cuando veo comportamientos de hombres a mi alrededor que no me gustan o cuando veo que se me puede dar un trato diferente por ser mujer…

Mi mayor ambición es, de aquí a unos años, ser feliz. Encontrar algo que llene mi vida y me haga sentir completa como persona.

Marta: No envidio a los hombres, pero creo que en muchos sentidos siguen teniendo más oportunidades que nosotras. Seguimos viviendo en una realidad donde nosotras asumimos, en su mayor parte, el cuidado de los niños y de los mayores, así como todo lo relacionado con el hogar y compatibilizar esto con un puesto de trabajo no es fácil. Sin entrar a mencionar aspectos como la violencia de género y la desigualdad salarial…

Mi mayor aspiración o ambición como mujer siempre ha sido poder llevar una vida plena de derechos, donde poder ejercer mi profesión y hacer esto compatible con mi vida familiar y social. Parece poca cosa, pero hoy día esto no es fácil…

María José: Dicen los clásicos que a la envidia se la gana con la virtud de la caridad.

Mi mayor aspiración es que todas las mujeres seamos tratadas con respeto, con educación, con valoración… Sueño que amplio a toda persona, especialmente a las más necesitadas para que dejen de padecer una situación de vulnerabilidad.

Eusebia: En absoluto, pero tampoco los odio.

Mis sueños los tengo todos cumplidos, puedo profundizarlos y trabajar sobre ellos pero con 82 años puedo decir que ya tengo toda aspiración o ambición completada.

 

¿Le hubiera gustado nacer hombre?

Inés: No. Estoy muy contenta siendo mujer y qué más da, esa es la cuestión, que da igual ser del género que seamos, la cuestión es que somos personas y debemos ser tratadas por igual. Yo soy yo antes que mujer u hombre.

Marta: Sé que si hubiese nacido hombre probablemente lo hubiese tenido más fácil en algunos aspectos de mi vida, pero eso no significa que me hubiera gustado tener ese género. Lo importante de esto es que lleguemos a conseguir que nadie se plantee este tipo de preguntas, que el acceso a cualquier ámbito de participación sea igual para unos y para otros, y no tengamos que desear nacer en otro género para considerar que tenemos los mismos derechos.

María José: No me lo he planteado nunca, estoy encantada siendo mujer.

Eusebia: No. Porque Dios sabe muy bien cómo y por qué hace las cosas y además me encuentro muy bien en mi condición femenina. Mi vida personal está lograda, mi vida profesional ha sido muy completa como una profesora de EGB, a pesar de que no he sido madre, me encantan los niños y me hubiera encantado, pero tengo otro ideal por encima de la maternidad, que es la virginidad. Educando a los niños en la escuela me lo he pasado pipa, así que no tengo nada que arrepentirme y mucho menos de no haber sido hombre. Estoy feliz de ser mujer.