Alegría de Vivir

España es el segundo país más longevo de Europa, con una esperanza media de vida de 82 años. Y la tendencia está al alza. Según el Instituto Nacional de Estadística, 13.000 personas han cruzado en el 2017 el umbral de los 100 años, de las que casi el 80% son mujeres. Entre ellas se encuentra Trini, poetisa popular, que si Dios quiere como dice ella, cumplirá 104 años el próximo 20 de noviembre, día del niño. Quizás, alimentar esa capacidad de sorprenderse propia de la infancia y agradecer cada rayo de luz o llovizna que le trae un nuevo día, está detrás de una longevidad que a quienes comparten sus días con ella, en la residencia parroquial, Santa María de los Ángeles de Torrelodones, les invita a vivir la vida como si todo lo que aconteciera fuera un milagro.

«Yo nací el 20 de noviembre de 1913. Con casi 104 años vividos te da tiempo de todo, de lo bueno y de lo malo. Pero amo la vida aunque he visto de todo. La experiencia más dura: la guerra civil que me pilló con 20 años, pero me valió para aferrarme a la vida. No pude estudiar nada porque mis padres no tenían dinero. Con lo que me hubiera gustado…, y aprender idiomas…, eso de saber 3 o 4 idiomas me gustaría…».

Cuenta que no vivió un amor intenso pero se casó con su marido que ya hace mucho que la dejó…«Pero no era tan espabilado como yo—carcajadas— era de Ávila. Yo también nací en el Fresno. Me casé muy mayor y ya no pude tener hijos, Dios no quiso,—fue la única vez que sentí que se le encogía el alma—, aunque me hubiera encantado».

¿Qué es lo más valioso de su vida?

La educación que me dieron mis padres.

¿Cuál es la mayor diferencia que ves con los chicos de ahora?

La falta de diálogo. Los padres no tiempo para dedicárselo a los hijos y hay que enseñarles con mucha paciencia, y a hacer las cosas de la casa, lo mismo a los niños que a las niñas, para que sean libres.

Dicen que a quien Dios no le da hijos le regala sobrinos, y ella ha tenido muchos pero su ojito derecho es al que le echó el agua, a Esteban Muñoz que nos cuenta como «todo el mundo repara en su energía pero a mí lo que más me gusta de mi tía es su inteligencia, a pesar de no saber apenas ni leer ni escribir. Y su entrega a los demás, de hecho, se casó con más de 45 años porque dedicó su vida a cuidar a su madre y a sus hermanos. Por encima de todo cuando no esté yo la recordaré siempre por ser la memoria viva de todos nosotros y tener un corazón inmenso».

Llevarás una calle con tu nombre, Trini. ¿Qué te produce?

La calle en Torrelodones me da mucha alegría porque está en el centro y aunque me muera ya…, la calle es mía. Déjame que te recite algo…

«Ahora que ya soy mayor

Y he ido mucho a viajar

Les digo a todos los señores

Que nuestra querida España

Es una preciosidad….»

¿Qué es lo que más le gusta?

La sopa.

Si mañana supiera que se acaban sus días ¿Qué haría?

Rezar y prepararme para lo que Dios quiera.

A uno de estos jóvenes perdidos que no encuentran el motor de su vida. ¿Qué le dirías?

Que la vida es un regalo, cuando hace sol y cuando llueve. Y que si quiere aquí tiene una abuela para quererlo y escucharlo.

¿Y a cualquiera de nosotros?

Que siempre hay tiempo para un café con quien lo necesita.

¿Lo más duro que has vivido?

La guerra civil y la muerte de mi padre con 48 años.

¿Un deseo por cumplir?

Ir de viaje Londres y a Roma. Ufff ir a Roma me encantaría…

—Lo hablaremos con el padre Gabriel— le contesté casi sin pensar y con una sonrisa acompañada de la mirada cómplice del padre Gabriel, titular de la Residencia parroquial de Torrelodones.

«Es única. Por eso, respondiendo a una petición unánime de todo el pueblo, a las 12 se va a abrir la calle de Trinidad Muñoz, poetisa popular, que a través de sus versos relata el sentir de su gente. Y después nos vendremos a la residencia de Los Ángeles para inaugurar el jardín que los alumnos de formación profesional básica de agrojardinería de Torredones, han diseñado y creado para traerles alegría a los residentes de esta casa familiar, que acoge a todo el que necesita un hogar para vivir el último tramo de su vida. La experiencia es muy enriquecedora porque ellos obtienen el graduado escolar a través de una formación específica que tiene consecuencias directas, ya que ven el fruto que su trabajo tiene y cómo se lo agradecen estos ancianos con los que entablan relaciones que benefician a ambas partes. Algunos no han aprobado ni primero de la ESO y es un camino paralelo para obtener el graduado escolar aprendiendo matemáticas o lengua a través de la formación. Se organizan muchas acciones como coronas para el día de los difuntos, ramos para los enamorados, o para el día de la madre. Y ahora estas instalaciones de exteriores que tan vitales son para ellos».

Sus ojos se van a buscar los de Trini, al preguntarle por lo que más valora de esta joven centenaria. «Su carácter vital es lo que más admiro. ¿Nos aporta…? El recordarnos cada día el regalo tan inmenso que es la vida, la naturaleza… La ves que con su edad sigue viviendo con esa intensidad que no puedes más que rendirte ante ella que dice que todo es gracias a la fe. Tiene una inteligencia sobre la realidad extraordinaria que nace de saber que todo ello se lo está regalando alguien que la ama y eso genera entusiasmo por vivir». Y lo dice el titular de la residencia y párroco de San Ignacio acompasando su voz serena con una mirada que sonríe, bebiendo de un pozo de autenticidad, que contagia a quienes allí estamos.

«Y no podemos dejar de agradecer —apostilla— que todo ello es posible por la ayuda y complicidad que mantenemos con la alcaldesa, Elena Biurrun, que siempre tiene un sí por respuesta».

No resulta una afirmación disonante cuando ves a la alcaldesa, con Trini agarrada de su brazo, entrando por la residencia compartiendo una charla de risas abiertas.

«Ella es un ejemplo para todos porque es parte activa de cualquier evento social, y hasta político porque desde que llegamos al ayuntamiento cada 20 de noviembre, día del niño la traemos a los plenos infantiles, porque es cuando cumple años, y al terminar la sesión le cantamos cumpleaños feliz. Es una fiesta compartida».

Trini, ¿Qué es lo más curioso que te han preguntado en el pleno?

Qué cuando me iba a morir, y le respondí que igual que tú, cuando Dios quiera…—risas—.

«Esta residencia social —retoma la alcaldesa— no podemos más que reconocer que juega un papel fundamental en la comunidad, porque aquí no se hace ningún miramiento ni distingo por capacidad económica. Cuando hay una urgencia siempre dan una respuesta, ofreciéndoles un lugar tan acogedor como éste que es su segundo hogar. Y en todo ello tanto el padre Gabriel como Estrella Gallego, la directora de la residencia, son piezas claves».

La belleza serena de Estrella le nace de una paz interior que sólo se logra cuando has pagado un peaje y has virado para desafiar lo establecido y seguir lo que ella denomina una revelación, que tuvo un día frente al mar de Punta Umbría. Un amigo enfermo de cáncer y tres hijos de los que se estaba perdiendo su infancia, por ser responsable de comercio de una multinacional, fueron los alicates que terminaron de desmontar una vida de aparente confort y éxito que ya no le daba sentido a su día a día.«Trini para mí es un icono, es una líder para los 32 residentes y un ejemplo para quienes la conocen. Lo que más me llama la atención de ella es la alegría de vivir que tiene y que contagia…». Al preguntarle por el papel social que lideran no oculta su preocupación al decirnos: «nosotros somos una residencia parroquial y aunque nuestro objetivo es la autofinanciación, la parroquia sigue siendo nuestra tabla de salvación. De hecho nuestro fuerte es la pastoral del centro y toda la vida espiritual que nos proporciona la parroquia. Pero aún queda mucho por andar».

Al preguntarle por el padre Gabriel se deshace en elogios. «Es un torbellino y el alma de todo esto. Hace 6 años la supervivencia del proyecto peligraba y él apostó de manera personal por esta obra y ha propiciado que ahora lo vivamos como una experiencia de éxito».

—Se te ve feliz—«Lo soy. Soy la mujer más feliz del mundo y seguro que del planeta… un día después de haberme dedicado como economista 14 años a una gran empresa entendí que tenía que darle un giro a mi vida. El padre Gabriel me ofreció que colaborara como voluntaria, me lo pensé, hice un máster de gestión de residencias, y di el paso. Y hoy no cambio esto por nada del mundo. Me levanto cada mañana con una sonrisa en la cara. Me ha cambiado la vida a mí y a mi familia. Y eso no tiene precio».

Me martilleó en la conciencia la sentencia de Ortega y Gasset, al preguntarle sin rodeos que si ser voluntaria significaba no cobrar por su gestión. Y con una sonrisa benévola me dijo:«Dinero no». No pude más que aplicarme eso de…, «confunde necio valor y precio».