«Con la diversidad ganamos todos»

«A los adultos les encantan los números. Cuando uno les habla de un nuevo amigo, nunca te preguntan sobre lo esencial: ¿Cómo es el sonido de su voz? ¿Cuáles son los juegos que prefiere? ¿Colecciona mariposas? Te preguntan: ¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre? Sólo entonces creen conocerlo».

El Principito 

Los números y los niños no parecen ser buenos aliados pero si un profesor consigue hacerles partícipes de la magia numérica entonces la alianza es inquebrantable. Y de esa comunión puede hablarnos con especial propiedad Francisco Anegón, director del colegio Beata Filipina—Fundación Feliciana Viértola, en el que empezó a trabajar llevando la contabilidad de este centro cuando aun estudiaba empresariales, y al que le unen 33 años de dedicación profesional y ese algo más que percibes cuando llama a cada profesor y alumno que se cruza por los pasillos, por su nombre.

Y como es importante llamar a las personas por su nombre les sintetizo la historia de dos nombres de mujer que forman parte indisoluble de la realidad de este colegio adscrito a una fundación que lleva por nombre el de doña Feliciana Viértola, una mujer que vivió en el siglo XIX y que legó parte de su herencia al Obispado de Madrid. Al inicio de la década de los 60 para cubrir las crecientes necesidades educativas de la población que proviene del éxodo rural se instalan unos barracones situados en la zona de la parroquia del Cristo del Amor y el obispado le confía la dirección del colegio a la orden del Sagrado Corazón. Las hermanas en homenaje a la primera misionera de esta orden le ponen el nombre de Beata Filipina Duchesne, que ya es santa. En 1970 se termina la construcción en el emplazamiento actual, y a día de hoy el colegio dispone de 11 unidades de infantil, 13 unidades de Primaria y 8 de Secundaria, además de unidades de Apoyo a la Integración y Compensatoria, que han convertido en una de sus principales señas de identidad.

«Yo estoy aquí por María Luisa Alberdi a la que le tengo un inmenso cariño —nos cuenta Paco Anegón que nos recibe en su despacho de puertas abiertas—. Estudié empresariales ya trabajando en el colegio, pero yo de contabilidad de fundaciones no tenía ni idea… No obstante, aprendí, como todo en esta vida (risas nostálgicas).  Por entonces trabajaba en otra empresa y compatibilicé ambas funciones. Ya en el curso 2002/03  cuando las religiosas se jubilan nos dicen que ya no había monjas para el colegio y asumimos el reto de darle continuidad a una obra de la que nos sentimos muy orgullosos».

Este centro es un referente de integración y referente a la diversidad. ¿De dónde surge esta implicación y apuesta?

Imagino que el contexto y la herencia de las religiosas configuró un espíritu integrador. Desde siempre el Colegio ha tratado de dar respuestas a las necesidades del barrio, además de la formación integral de sus alumnos como son: gratuidad de la enseñanza, concierto, coeducación, Plan de Integración, voluntariado, atención a las minorías étnicas, interculturalidad… Cuando desde la Comunidad de Madrid se pone en marcha el programa «Integración», para que fueran desapareciendo las aulas donde se encontraban los niños de educación especial y pasaran gradualmente a las aulas normales, se empieza con experiencias pilotos y nosotros nos acogimos a ello. Desde entonces han transcurrido ya 34 años  y nos sentimos muy orgullosos de ser considerado un colegio de integración por el que han pasado: síndromes de Down, caracteriales, sordos, autistas… En las asignaturas troncales: lengua, inglés y matemáticas, a estos alumnos se les deriva a una atención personalizada con psicopedagogos y profesores de apoyo y  en las asignaturas de música, plástica o biología, que es donde se propicia mucho más la integración o inclusión que es el término que ahora estamos utilizando. Y en esta apuesta no sólo ganan los niños con dificultades, sino que en ese ambiente de estar pendiente de los demás, y de empatizar con las dificultades del otro, ganamos todos: alumnos, padres y profesores. Todos.

En esa atención a la diversidad los niños con TDAH y déficit de atención han tenido una especial relevancia en los últimos años.

Sí, parece que ha sido una moda, cada vez que un niño iba un poco mal en el cole terminaban diagnosticándolo con TDAH. Evidentemente todos no lo son, ni a todos lo que son se les ha diagnosticado pero nosotros seguimos la normativa que nos marca la Consejería de Educación que aconseja dejarles más tiempo para realizar exámenes que puedan ser también orales o cooperativos que les ayuda a la concentración. En el trato se les tiene más consideración para darle órdenes y exigirles conductas adecuadas a su capacidad y tiempo de respuesta. Pero todo esto lo va marcando también la experiencia. La mayoría de los profesores llevamos muchos años y con  los nuevos que llegan hacemos una labor en cascada para que asuman la filosofía del colegio. A cada cual según sus capacidades y su ritmo.

En estos cursos se está dando especial respuesta a los niños autistas

Sí. Acaban de llegar los niños autistas de 3 y 4 años, ahora es bastante recurrente. Si antes eran los TDAH ahora estamos con los TEAS.

¿De qué se siente más orgulloso?

De ser un colegio inclusivo y acogedor. Aceptamos a todo tipo de niños: a los brillantes, a los regulares a todos. Y eso no es posible sin un profesorado implicado profesional  y personalmente. Y no puedo obviar el papel de los padres. El AMPA es muy activo y eso ayuda a que esto no sea sólo tarea de los profesores sino de todos. Tenemos 600 familias que nos muestran un nivel de satisfacción que nos motiva a seguir creciendo por ellos.

Después de la Segunda Guerra Mundial y hasta la década de los 60, predominó una visión optimista que creía en la influencia positiva de la escuela en la superación o compensación de las desigualdades sociales, sin embargo al acercarnos a la década de los 70 según distintos informes se va descubriendo que la escuela sólo reproducía las desigualdades originales de raza y clase social, independientemente de lo que hicieran los profesores en el aula o del tipo de escuela a la que asistían los alumnos. Al acercarnos al ocaso del siglo XX se empieza a trabajar con el término de escuela eficaz que es aquella que es eficaz si lo es para todos los alumnos. Y en ese intento de responder a la diversidad, no sólo es imprescindible una implicación explícita del profesorado sino de toda la comunidad en la que se educan los niños, incluyendo a los padres y a otros compañeros.

De hecho hay veces que cuando veo que a un alumno le cuesta más aplicar una fórmula o entender una lógica matemática le digo a un compañero más avanzado que lo ayude. A uno lo refuerzo y lo premio con el reconocimiento y al otro le es más fácil aprender en esa estrategia de aprendizaje cooperativo

La conciliación laboral –familiar es una apuesta del colegio.

Sí. De hecho para este próximo curso escolar abriremos desde las 7.30 de la mañana, con posibilidad de desayuno, para dar respuesta a los padres que entran a las 8 de la mañana al trabajo. Se ofrece servicio de comedor y extraescolares para que los chicos puedan estar hasta las 18.30 de la tarde con una formación que va desde el deporte a la música pasando por múltiples variables.

Siempre se le atribuyó al profesor de mates una imagen de tipo duro y exigente…

(Risas) Para nada. Es lo más bonito que hay. Sí es verdad que los profesores aquí tenemos un papel fundamental. Es curioso ver como los alumnos se decantan en sus carreras por aquellas asignaturas en las que han congeniado más con su profesor. Ahora mismo las alumnas más brillantes son las mujeres y se decantan por medicina y hace unos años las carreras preferidas eran ingeniería y arquitectura. Insisto, (risas de nuevo), si los números se entienden son preciosos.

Y en ese despacho de puertas abiertas, como el colegio, entra un joven, padre de familia ya, que venía a ver al ahora director del colegio, pero que para él siempre será su profe de matemáticas, para contarle cómo le va una vida, que cambió de derrotero al asumir con valentía una paternidad temprana, en la que seguramente los números le ayudarán a entender como bien decía El Principito que «lo esencial es invisible a los ojos, no se ve bien sino con el corazón» y en eso también tuvo un buen maestro.

«Desde el centro Beata Filipina apostamos por este proyecto con el fin de concienciar a nuestro alumnado sobre los problemas que conlleva un desarrollo globalizado tratando de encontrar posibles soluciones que ayuden a conseguir un mundo más justo».

Texto y fotografía: Elizabeth Ortega