Con nombre propio

Por Elizabeth Ortega

Hay miradas cómplices que sin pretenderlo hablan de vínculos invisibles sólo descifrables con el alma. Y ese lenguaje lo domina sin artificios la psicóloga Cristina Martínez, que lleva tres años al frente de la coordinación de la Residencia Santamarca y San Ramón y San Antonio que acoge durante este curso escolar a 119 chicas de entre 3 y 18 años a las que se les ofrece una oportunidad de obtener la mejor versión de sí mismas, en un ambiente que lo propicia y fomenta. Amor, directrices claras y la educación por mimetismo y ejemplo, son los vértices de una convivencia y proyecto formativo de estas residencias femeninas, sostenidas por la Fundación FUSARA, en las que entran como niñas y salen como mujeres dispuestas a escribir su historia con nombre propio.

El colegio-residencia Santamarca nace tras la decisión de  la condesa de Santamarca, de dedicar sus cuantiosos bienes, tras su muerte, sin hijos a quienes legar sus bienes,  en la creación de una fundación que sostuviera un colegio-asilo para niños huérfanos y pobres de Madrid.

El 17 de enero de 1914 fallecía la condesa y aunque su voluntad inicial fue que el asilo se instalara  en el palacio que poseía en la calle de Alcalá construido en 1846, las dificultades de la rehabilitación, llevaron a  los albaceas encargados de ejecutar aquella misión a construir un  edificio nuevo  en la zona  de las llamadas “cuarenta fanegas”, con un proyecto para el edificio de Manuel Ortiz de Villajos, prestigioso arquitecto de la época, autor también del Monasterio de San Antón (de las Maravillas) de la calle Príncipe de Vergara.

Residencia San Ramón y San Antonio
Lucía Yanguas

Las obras se iniciaron en 1921, pero el gasto excesivo obligó a su paralización.  En 1923, el Banco de España adquiere el palacio de la calle de Alcalá para la ampliación de sus instalaciones y con los beneficios obtenidos en la venta se reanudan las obras del asilo, que se concluye en 1928. Este próximo año se cumplen 90 años de historia en las que las risas de los críos corriendo por sus jardines y pasillos han cumplido el objetivo de la condesa de Santamarca: formar a los niños y jóvenes, que en el futuro formarán el músculo y el corazón de nuestra sociedad.

En la actualidad, además de los dos colegios que ofrecen una formación que va desde la primera etapa infantil a 2º de Bachillerato, estos centros cuentan con dos residencias de carácter social, en las que las niñas viven de lunes a viernes durante el curso escolar en un entorno educativo óptimo para su desarrollo integral.  Cristina Martínez, coordinadora de las residencias, nos recibe en la escalinata de San Ramón.

¿Este modelo de residencias es  único en la comunidad de Madrid?

En la Comunidad de Madrid existen internados de menores de entidades privadas pero dirigidos a familias con posibilidades económica. Por ejemplo en la Comunidad de Madrid está la Residencia Internado de San Ildefonso, que es similar a lo que nosotros hacemos pero es un recurso público. Nuestras residencias son financiadas en su totalidad por la Fundación, no tenemos ayudas públicas, esa es nuestra diferenciación.

Residencia FUSARA - Cristina Martínez
Lucía Yanguas

¿Cuántas chicas residen entre los dos centros?

En San Ramón y San Antonio tenemos alojadas a 72 residentes que cursan desde 1º de Educación Infantil hasta 2º de Bachillerato, y en Santamarca disponemos de 47 plazas con alumnas de 1º de Educación Infantil hasta 4º  de la ESO. En ambas residencias el perfil de las familias y las alumnas es similar, ayudamos a familias que tienen dificultades socioeconómicas y por la estructura familiar no pueden atender a las niñas. Tenemos un gran número de familias monoparentales, sobre todo mamás que están solas con trabajos precarios que no pueden compaginar su vida laboral y familiar. Las alumnas aportan gran riqueza cultural ya que tenemos una gran variedad de nacionalidades: guineanas, chinas, nigerianas, peruanas,etíopes, hondureñas, paraguayas, españolas, rumanas etc. Destacando actualmente en número la población africana.

¿Cuáles son los retos de futuro?

Nuestras alumnas tienen la oportunidad de formarse hasta 2º de Bachillerato acompañadas por nosotros, dando una educación integral que va desde cubrir sus necesidades básicas (comida, aseo y alojamiento) hasta promover el desarrollo pleno de la personalidad con formación en valores humanos y cristianos a través de grupos como el pastoral o el cine valores. Estamos en un continuo plan de mejora para poder dar a estas niñas un mejor futuro, por eso nos gustaría que nuestro proyecto pudiera continuar para seguir apoyando a aquellas alumnas que cumplen la mayoría de edad y quieran seguir estudiando en el ámbito universitario pero que por su situación no puedan. Este es un proyecto y sueño que tenemos y con esfuerzo, vocación y dedicación estamos seguras lograremos realizar.

¿Amar son obras y no palabras?

“Amar son obras y no palabras” eso lo tengo muy claro. Se predica con los hechos, no sólo con las palabras. Llevamos muchos años trabajando con menores y somos conscientes que, en gran parte, somos sus figuras de referencia lo que conlleva la  mayor de las responsabilidades. Nosotras podemos hablar y hablar sobre cómo tienen que hacer las cosas pero si estas palabras no van acompañadas de acciones caen al vacío. Por eso siempre digo que quién trabaje aquí tiene que tener una vocación verdadera, no sé puede llegar a las niñas si no actúas desde el corazón, si no crees en lo que haces, si no apuestas por ellas… Tenemos la suerte de aprender de ellas cada día y poder ayudar a construir un mundo mejor, y para construir hay que ejecutar, no se levantan grandes obras solo con la palabra.

Residencia San Ramón y San Antonio
Lucía Yanguas