Custodios del aire que compartimos

El pasado jueves 8 de septiembre se celebró en el Colegio María Cristina, perteneciente a la Fundación San Bernardo, la III Jornada Mundial sobre el cuidado de la creación, con una exposición sobre el tema central: Custodios del aire que compartimos y organizada por la Asamblea Episcopal Ortodoxa de España y Portugal y el Arzobispado de Madrid.  Pablo Martínez de Anguita, profesor titular de la Universidad Rey Juan Carlos y miembro de la Fundación Laudato Sí; Emilio Chuvieco, director de la cátedra ambiental de la Universidad de Alcalá de Henares; y Ángel Cabo, ingeniero de Caminos que participa en el Plan Aire de la UE, condujeron al público a una reflexión profunda sobre el valor que tiene la Tierra como única e irrepetible, que ha necesitado 4500 millones de años para formarse y que nos iguala a todos los seres vivos proporcionándonos el aire que necesitamos para vivir. Con este motivo se celebró una oración en la parroquia del colegio que estuvo presidida por el cardenal Carlos Osoro Sierra, arzobispo de Madrid; el metropolita Policarpo, del Patriarcado ecuménico de Constantinopla; monseñor Timotei, obispo ortodoxo rumano, y concluyó con la música del grupo Siquem.

Los documentos audiovisuales mostraban a los cientos de asistentes imágenes sobre Madrid a principios del siglo XX que contrastaban con las imágenes de la ciudad actual.

Pablo Martínez de Anguita, profesor titular de la Universidad Rey Juan Carlos y miembro de la Fundación Laudato Sí; Emilio Chuvieco, director de la cátedra ambiental de la Universidad de Alcalá de Henares y Ángel Cabo, ingeniero de Caminos que participa en el Plan Aire de la UE; condujeron al público a una reflexión profunda sobre el valor que tiene la Tierra como única e irrepetible, que ha necesitado 4500 millones de años para formarse y que nos iguala a todos los seres vivos proporcionándonos el aire que necesitamos para vivir.

Nos explican en qué consiste el cambio climático, cómo llegamos a él, qué actividades humanas y naturales están relacionadas, cómo había funcionado hasta ahora y cómo se demuestra que los cambios actuales tienen como único responsable al hombre por los enormes y rápidos cambios que ha introducido en su forma de vivir. Repasamos las consecuencias directas de este cambio sobre la vida del hombre. Y nos recuerdan la responsabilidad del cristiano en la búsqueda y selección de lo mejor de la técnica para contribuir a la reducción de las causas del cambio climático. Señalan como grandes errores las acciones u omisiones que, a sabiendas del daño que pueden hacer, llegamos a mantener. Un referente es la encíclica del Papa Francisco Laudato Si, ya que para las personas que tienen sus raíces en la fe es importante construir un modelo personal a través de un compromiso con el medio ambiente y el cuidado de la Casa Común. Por eso la Iglesia del tercer milenio tendrá que tener la capacidad de ser y organizarse en comunidades de ayuda solidarias.

La escuela tiene y tendrá siempre un papel fundamental a la hora de enseñar que cada ser humano debe adquirir un compromiso personal con lo que puede hacer para mejorar su entorno inmediato. La educación ambiental tiene que venir de la mano del asombro ante la grandeza de la Creación y de la humildad del ser humano como un elemento más de esa grandeza. De esta forma, podrá vivir con mayúsculas y no solo será un superviviente en este mundo. Hay que conseguir que los alumnos del futuro sean agradecidos simplemente por SER.

En suma, la responsabilidad nuestra como cristianos pasa por extender la conciencia del cuidado de la casa común a todo el que nos rodea y en especial a las nuevas generaciones, cada uno desde el papel que desempeña en la sociedad: profesores, padres, acompañantes… descendiendo a aspectos concretos de nuestra vida diaria y a cómo participar de una sociedad en la que el consumo es, sin duda, el pilar fundamental, sin caer en esa práctica y al tiempo que con nuestro consumo también ayudamos a mantener el equilibrio de trabajo y bienestar para todos. Todavía quedan por practicar soluciones creativas que puedan aunar el cuidado de la creación y el bienestar de todos.

El acento del acto se puso a través de la oración que se celebró en la Parroquia de Santa Cristina.

Estuvo presidida por el cardenal Carlos Osoro Sierra, arzobispo de Madrid; el metropolita Policarpo, del Patriarcado ecuménico de Constantinopla; monseñor Timotei, obispo ortodoxo rumano, concluyendo con la música del grupo Siquem.