El María Inmaculada Joaquín Turina crece

El histórico colegio concertado de Carabanchel prepara el traslado de sus 900 alumnos a un nuevo edificio que abrirá sus puertas en 2019. Situado en una parcela vecina a la actual, contará con más de 8.000 metros cuadrados construidos y estará equipado con las últimas prestaciones e instalaciones educativas.

Fundado en la década de los años 50 del pasado siglo, el colegio Mª Inmaculada Joaquín Turina es historia viva del mítico barrio madrileño de Carabanchel. Este centro concertado católico, que ofrece en la actualidad enseñanzas desde Educación Infantil hasta Bachillerato, ha sabido adaptarse a las nuevas exigencias educativas de nuestro tiempo sin haber perdido la identidad que lo formó en el Madrid de la posguerra. Enclavado en la calle Joaquín Turina, en pleno corazón del barrio de Buenavista, conocido popularmente como Carabanchel Alto, del distrito Carabanchel de Madrid, se encuentra el colegio Mª Inmaculada Joaquín Turina. Desde que pones un pie en sus aulas y pasillos la atmósfera que se respira, te hace imaginar los cientos de alumnos que han pasado por sus aulas, cada cual con su propia trayectoria, pero que en su conjunto han construido el legado que atesora hoy esta institución.

Navegando por la historia

Para conocer mejor al Mª Inmaculada Turina debemos realizar un viaje en el tiempo hasta llegar al año 1950, punto de partida de la historia del colegio. La capital de España, se encontraba en ese momento en una fase de expansión que se había iniciado tras el final de la Guerra Civil, que al haber quedado seriamente dañada necesitaba una reconstrucción casi completa de su urbanismo. A través de la Junta de Reconstrucción de Madrid, creada en 1939, se formuló un plan general de ordenación urbana, que finalmente se convirtió en ley en 1946. Con esta nueva legislación, antiguos municipios de la periferia de la ciudad pasaron a ser absorbidos por el ayuntamiento de Madrid, como fueron los casos de Carabanchel Alto y Carabanchel Bajo, que se convirtieron desde 1948 en el distrito único de Carabanchel. Durante estos años de reordenación y crecimiento, los nuevos barrios comenzaron a recibir la llegada de miles de inmigrantes provenientes de otras regiones de España, principalmente andaluces y extremeños, así como de otras zonas de Castilla, que buscaban mejores oportunidades laborales, en un país devastado por la guerra. En este contexto, la Madre Mª Emilia Igartua, Esclava del Sagrado Corazón, fundó junto a otras maestras pertenecientes a las Congregaciones Marianas, una escuela para dar servicio a los niños y niñas de los campamentos de inmigrantes que se habían formado. En un primer momento el colegio se situó entre los barrios de Usera y Carabanchel Alto, y en palabras de la actual directora general del Mª Inmaculada Turina, Silvia Prieto, se da buena cuenta de la precariedad inicial que se encontraron tanto profesores como alumnos. «La escuela es difícil de imaginar en la actualidad, consistía en un barracón hecho de adobe, dividido en dos habitaciones y con cuatro ventanas por cuyo alquiler se pagaban 75 pesetas al mes. No tenía servicios por lo que se tenía que acudir, con no pocos apuros, a la casa del párroco». Durante los primeros años se acogieron tanto niñas como niños, aunque poco después los niños fueron trasladados a un centro masculino, quedando las alumnas divididas en dos grados diferentes. Con el paso del tiempo, las dificultades se multiplicaron (las lluvias inundaban literalmente los accesos al barracón, teniendo que construir puentes improvisados para poder entrar a dar clase), haciendo necesaria la compra y traslado a un nuevo emplazamiento. Así, se gestó el cambio al actual edificio, tras la compra en Carabanchel Alto de un Grupo Escolar que se había puesto en venta. Más tarde, en 1958, se construyó otro edificio anexo y se dotó a ambos de todas las instalaciones y equipamientos necesarios para facilitar la educación. Junto a las sucesivas ampliaciones y remodelaciones el colegio quedó establecido tal y como se encuentra hoy en día.

Durante mi visita por las instalaciones del centro me acompaña Silvia Prieto, que como cuenta se incorporó en la plantilla del colegio en el año 1980, al poco de haber acabado la carrera de ciencias biológicas. Cuando le preguntamos por los valores que han sostenido el Mª Inmaculada Joaquín Turina desde hace casi 70 años, ella nos comenta: «fundamentalmente la entrega de todo el personal que trabaja en el colegio, su buena preparación y sus ganas de atender y ayudar, tanto en lo académico como en lo humano, el alumnado y sus familias». Se refiere también a la capacidad de acoger a todo el mundo sin importar el origen de los alumnos, factor muy relevante teniendo en cuenta la transformación de las últimas décadas de la realidad de Carabanchel con la llegada de gran cantidad de inmigrantes extranjeros, en su mayoría latinoamericanos, que han convertido las aulas en un crisol de diversas culturas y nacionalidades. Silvia se enorgullece del papel que ha jugado el colegio en el desarrollo del barrio, convirtiéndose en un referente, al haber crecido juntos y haber sido capaces de acercar las enseñanzas de bachillerato a los alumnos más desfavorecidos.

Me adentro en algunas clases para observar cómo es el día a día de alumnos y cuerpo docente, dónde llama la atención un taller de robótica con chavales de secundaria. Concentrados, los estudiantes manipulan unas grúas hechas con Legos controladas a través de los distintos ordenadores con los que cuenta el aula. «La apuesta por las iniciativas pedagógicas de innovación y tecnológicas es uno de los puntos fuertes del programa escolar que se ofrece actualmente», remarca Silvia. En otra clase, alumnos de primaria realizan actividades de cálculo y geometría a través de las pizarras interactivas que equipan la mayoría de aulas. Por último, interrumpimos con cautela de no romper el correcto desarrollo de una lección de historia a jóvenes de bachillerato. El profesor, con entusiasmo, explica a los más mayores del centro, la importancia de la histórica diputada Clara Campoamor, que durante la II República fue determinante para conseguir el tan ansiado sufragio femenino.

 

Seguimos nuestro paseo por los comedores, patio de recreo y demás instalaciones, mientras le pregunto a Silvia por sus vivencias durante los casi 40 años de trayectoria que tiene en el colegio. Obviamente no todo fueron buenos momentos, como recuerda, sobre todo tras la muerte de la fundadora del colegio la Madre Emilia, cuando se temió por el futuro del colegio al ser el resto de congregantes muy mayores y ver que no había relevo generacional. En ese sentido, la creación de la Fundación Pía Autónoma de las Congregaciones Marianas, la Inmaculada y San José, fue un soplo de esperanza que finalmente se ha ido consolidando. De los mejores tiempos le vienen a la mente siempre aquellos antiguos alumnos que han pasado por las aulas del Joaquín Turina, y que han mantenido el contacto eternamente agradecidos por la labor de profesores y demás empleados del centro.

Éxitos

Algunas de esas historias de antiguos alumnos son historias de éxito, y es que entre los ex alumnos del Mª Inmaculada se pueden encontrar jueces, arquitectos, investigadores, músicos, entre otras grandes profesiones.

Es el caso de Pablo San Nicasio Ramos, licenciado en periodismo y con estudios superiores de guitarra, que nos habla de su pasado en el colegio. «Guardo un estupendo recuerdo del María Inmaculada. Comencé a estudiar allí en septiembre de 1996. Era la época en la que los estudios de BUP y COU se estaban apurando y sólo unos pocos centros los ofrecían. Allí espabilé a buen ritmo, me di cuenta de que mis planes de futuro estaban equivocados y gracias a un buen equipo de profesores, descubrí alguna que otra vocación oculta hasta entonces. Centro con buen nivel de exigencia y estupendo ambiente. Siempre me trataron bien, sin engolamiento, sin pensar más en la institución que en los alumnos o las materias que se impartían. Me gustó el “María” hasta el final, y agradezco enormemente lo que hicieron por mi formación».

Conseguimos también el testimonio de otro antiguo alumno con una gran trayectoria profesional tras su paso por este colegio. David García Garcillán, licenciado en Farmacia y doctor en ciencias de la salud, es además director del laboratorio de genética en el Centro de Análisis Sanitarios, y profesor de anatomía humana y embriología en la Universidad Rey Juan Carlos. También acude como ponente a numerosos cursos y conferencias, e incluso ha sido galardonado por su trabajo, recibiendo el premio de la Comunidad de Madrid a la mejor idea innovadora para el desarrollo de una empresa de base tecnológica en el año 2002. Sobre su recorrido por sus aulas nos dice: «Mi experiencia en el María Inmaculada fue netamente positiva tanto por mis compañeros, como mis profesores que intentaban sacar lo mejor de nosotros. Siempre hay algo que te marca y en mi caso fueron las clases de biología. Corría el año 1993 y a mí ya me tiraba la rama biosanitaria. Ese año se estrenó la película Parque Jurásico, fue un boom con los dinosaurios, estaban hasta en la sopa, pero resulta que en nuestras clase de prácticas de biología nuestra profe empezó a hablarnos de la clonación como en la película, nos explicó el procedimiento y las aplicaciones de una manera tan didáctica, que sentí como se encendía la bombilla dentro de mí. No recuerdo haber tenido desde entonces una sensación parecida en una clase, de repente me vi engullendo todo lo que caía en mis manos que tuviera que ver con la genética y las técnicas de manipulación y diagnóstico genético. Terminé estudiando farmacia y especializándome en biotecnología, al terminar ingresé en el Departamento de Microbiología y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia, donde empecé mi tesis doctoral haciendo por fin lo que tanto había deseado desde aquellos días en el laboratorio de prácticas de biología del instituto».

Termina nuestra jornada hablando del futuro de la institución, ya que si todo va bien y según lo previsto, el año 2019 se estrenará nuevo edificio. El espacio situado en un terreno adyacente al actual, y que contará además del notable incremento de tamaño, con las últimas prestaciones e instalaciones educativas, servirá para que el colegio María Inmaculada Joaquín Turina, pueda seguir educando a las nuevas generaciones de Carabanchel tal y como dice su lema: «pequeños pasos, grandes cambios».

Jorge Sales / Fotografía: Fernando Gutiérrez