Fe y razón no son contradictorias, hunden sus raíces en el mismo Dios

Por Elizabeth Ortega

Conversar con él es un estímulo para los sentidos. Nos recibe con curiosidad y cierto entusiasmo, no exento de recelo. Se deja llevar. La luz acompaña. Sonríe. Respira. El silencio del patio interior del arzobispado propicia la comunicación.

¿Quién es Avelino Revilla?

Es un sacerdote, nacido en Madrid, de 57 años, de los que lleva  30 al servicio de la Iglesia.

En su conversación se percibe una formación humanista. Cursó 4 años de Ciencias Químicas en la Universidad Complutense de Madrid y se licenció en Teología, doctorándose por la Pontificia de Salamanca.

Desde que fuera ordenado sacerdote, el 12 de marzo de 1988, ha sido capellán de la Escuela de Magisterio ESCUNI, delegado episcopal de Pastoral Educativa, profesor de Teología y Pedagogía Religiosa en la Facultad de Educación de la Complutense, profesor de Teología en el Instituto Internacional de Teología a Distancia, en el que sigue colaborando, y en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Dámaso.

Avelino Revilla Cuñado, que cumple el 25 de marzo, día de la Encarnación de Ntro. Señor Jesucristo o Anunciación de María, 57 años, encabeza, desde el 2015,  el núcleo de intelectuales que configura el equipo del cardenal de Madrid, Carlos Osoro.

¿Fe y Razón son contradictorias?

En absoluto. Fe y razón no son contradictorias porque ambas hunden sus raíces en el mismo Dios.

Con su nombramiento como Vicario General, el cardenal Osoro, le reconoce su trayectoria y  su capacidad dialéctica y táctica para defender el papel que juega la Iglesia en nuestra sociedad y tender puentes de comunicación con los diferentes agentes sociales que hagan transitar a la Iglesia al cambio histórico que estamos viviendo.

¿Qué es lo que más valora del cardenal Osoro?

Su capacidad de empatizar y obrar con el corazón.

 

 

 

 

 

 

 

En un acto en el Colegio San Ignacio de Loyola de Torrelodones, dijo ante el auditorio que los cristianos nos hemos convertido en unos lloricas que nos quejamos por todo y no salimos al encuentro activo de los que necesitan escuchar nuestro mensaje.

Sí (Risas). Es cierto que hemos desarrollado el síndrome de Calimero pero también se da en otros sectores como la Educación. En todas las reuniones viene bien 5 minutos de queja y desahogo pero después hay que trabajar. La Iglesia ha pasado por momentos más difíciles que éste y aquí estamos. Como decía un antiguo profesor mío ya fallecido: El Espíritu Santo no coge vacaciones aunque nosotros no lo veamos.

¿Cuál es el gran reto que tiene la Iglesia en materia educativa?

El gran reto es gestionar la multiculturalidad y educar a personas capacitadas para las exigencias del siglo XXI.

¿Está sabiendo la Iglesia dar respuesta a esas nuevas exigencias?

Este es un reto que no sólo tenemos por delante la Iglesia. Pero es cierto que no estamos, como dice el Papa, en una época de cambios sino en un cambio de época y tenemos que responder de forma distinta, aunque el mensaje sea el mismo, para atender a las nuevas preguntas de los más jóvenes y acercarnos a ello.

¿Comunica bien la Iglesia?

No del todo.

¿Por qué si un joven dice que pertenece a una ONG está “guay” y si dice que es cristiano parece un “pringao”?

Ufffff… risas. Puede ser cierto, pero aunque compartamos zonas de mensajes y acciones comunes no podemos diluir nuestra esencia para gustar a todos. Nuestro mensaje es difícil de abrazar y seguir.

¿Están en la Iglesia todos lo que son?

(Silencio) Están todos los que quieren estar aunque no podemos obviar que no siempre todos obren acorde a lo exigible y deseable. Pero en medio de la oscuridad siempre nos alumbra la fe.

En noviembre se celebra en Madrid la I Jornada Mundial de los Pobres impulsada por el Papa. ¿Ha estado la Iglesia alejada de los pobres y con Francisco se ha vuelto a poner el foco de la mirada en ellos?

No sería justo decir que la Iglesia, que no es la curia es muchísimo más, no ha estado centrada en los pobres. Es cierto que este Papa, que viene de Argentina, donde hay una sensibilidad especial con este problema, ha abierto nuevos horizontes y lo que sí está claro es que las tristezas y alegrías del mundo no pueden ser ajenas a la Iglesia.

¿Es una ensoñación ver a Don Carlos como posible Papa?

Nunca se sabe que dispondrá el Espíritu Santo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde que se nombrara a David López Royo en marzo del 2016 como Delegado Episcopal de Fundaciones, se ha ido recorriendo un camino para tender puentes. ¿Qué papel cumple esta Delegación?

La de velar porque los fines fundacionales de estas instituciones que atienden al sector educativo, sanitario o social y cultural, se cumplan. Son parte de la Iglesia.

En un acto organizado por esta Delegación para empezar a estrechar lazos con las Hermandades y Cofradías, en el que estuvo presente, sostuvo que debemos ser buenos ciudadanos antes que cristianos, en alusión a la necesidad de transparencia.

La iglesia tiene que ser ejemplo de transparencia.  Son las exigencias de los nuevos tiempos que corren. Aunque no sólo se nos debe exigir a unas instituciones sí y a otras no. A todos. Pero nosotros  tenemos que responder como ciudadanos ejemplares.

 

Se dice que se le dan bien los críos. ¿La paternidad ha sido una renuncia?

En esta vida cuando se elige un camino se renuncia a otro y eso no significa que el que se deja sea malo. No creo que lo hubiera hecho mal. – Sostiene suavizando el tono de voz y con cierto rubor.

A este hombre de Iglesia con una mirada caleidoscópica, que no le resta aplomo para pisar el suelo, podría  imaginarlo  perdido en un pueblecito de montaña,  al sol, con una cerveza, leyendo un libro y escuchando algún clásico o al mismo universo, que es el sonido con  el que nos habla Dios. Un hombre de consenso, cuyo discurso es un regalo para los sentidos.