«La exclusión y la fe no pueden ir de la mano»

Por Elizabeth Ortega

Una persona no sólo se define en una conversación por lo que dice, sino por el orden en el que lo expresa, ya que revela las prioridades de su vida. Al preguntarle a Fausto Marín Chiva por quién es y qué le interesa, se presenta como «casado con María desde hace 12 años y padre de Vicente, Marina y Fausto. Diácono Permanente de la Archidiócesis de Madrid desde el 11 de mayo de 2011, licenciado en Psicología y Ciencias Religiosas y graduado en Derecho. Maestro de Educación Primaria, director Titular del Colegio San Bernardo y Secretario de la Fundación San Bernardo, profesor de Religión en Secundaria y Bachiller y me interesa especialmente el futuro de la juventud, la ayuda a los más desfavorecidos y la Escuela Católica como elemento integrador de la sociedad… Ser maestro es una vocación, pero poder dedicarte profesionalmente a ello es un privilegio».

 

Si les ha despertado la curiosidad les amplío que nació un 2 de noviembre de 1978, que tiene 4 hermanos y que, uno de ellos, Vicente, murió en el atentado del 11-M, al que homenajeó bautizando a  su primogénito con su nombre. La mayor herencia que le han dejado sus padres es el espíritu de servicio a los demás, especialmente a los más desfavorecidos y el amor a la familia.

Su sueño: dejar a mis hijos de legado un corazón grande para que traten a todo el mundo por igual. A  todos, creyentes y no creyentes como nos enseña Jesucristo y que sigan siempre unidos como lo que son: hermanos.

 

  • Padre de Fausto con sus hijos
  • Mujer de Fausto con sus hijos
  • Mujer de Fausto con sus hijos
  • Padre de Fausto con su hijo menor
  • Fausto con su mujer e hijos
  • Fausto con su mujer e hijos

 

Nos hemos emplazado frente al lago de la Casa de Campo, para ubicarnos en uno de los merenderos desde los que se divisa en el horizonte el perfil de la Almudena, donde se ordenó diácono «para estar al servicio de la Iglesia. Me tiré al suelo y me dije que se haga su voluntad».

La excusa para la entrevista es una futura exposición itinerante sobre  el mensaje de la segunda encíclica del papa Francisco Laudato Si firmada el 24 de mayo, Solemnidad de Pentecostés, del año 2015 y presentada el 18 de junio de ese año, en la que han estado trabajando los alumnos de su colegio.

La conversación fluye y nos conduce a recordar dónde nos encontrábamos la noche de  aquel 13 de marzo de 2015 en el que a todos nos sorprendió la Fumata Blanca y el «Anuncio Habemus Papam Franciscum».

Me cogió en la Junta de Escuelas Católicas de Madrid y lo vivimos en directo con más colegios y con el que hoy es Vicario General, Avelino Revilla.

Su pontificado está cargado de gestos revolucionarios y uno de los más significativos, por su  carácter integral es la Encíclica Laudato Si, por lo que «nada de este mundo nos resulta indiferente». Y lo convierte en materia de trabajo en la escuela.

La Laudato Sí, lo que nos viene a contar es la importancia del hombre en el medio. Que nuestra casa común es también como una hermana, con la que compartimos la existencia, y como una madre que nos acoge. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y  eso está teniendo consecuencias que es muy interesante abordar con los chicos. Nada de este mundo nos puede resultar indiferente.

¿Que es el bien común para Fausto?

El bien común sería que nos ayudáramos todos, que no existiera la pobreza.  Es promover con nuestras acciones que el conjunto de la sociedad saque lo mejor de cada uno de nosotros, incluyendo a todos los seres vivos.

Jorge Bergoglio  que ha demostrado en estos cinco años su capacidad autocrítica nos ha dicho en más de una ocasión que ser autocrítico es la única manera de crecer. ¿En qué tiene que ser autocrítica la Iglesia?

En muchas cosas. Deberíamos escuchar siempre voces de otras partes de la Iglesia, y no tener miedo, reconocer que nos podemos equivocar y buscar dar lo máximo de nosotros.

Hay que pedir para tener un corazón nuevo y desterrar la envidia de nuestra sociedad, que es el cáncer mayor de este siglo y de nuestra vida. Porque hace que se te hiele el alma, que se te pudra el corazón.  La alegría de los jóvenes es lo que nos tiene que inundar. La alegría de vivir.

En esta época de transformaciones vertiginosas la escuela católica está llamada a examinarse a sí misma y a responder a los nuevos retos tecnológicos y sociales. En un momento en el que la escuela católica está tan cuestionada ¿Para qué nos vale la asignatura de religión en un entorno educativo?

La religión es una escuela de vida para los creyentes católicos y para los que no. Nos vale para entender nuestra historia y aprender a convivir respetándonos, sin excluir a nadie. La escuela es un lugar donde debemos convivir todos católicos y los no católicos.

Misa de la Almudena 2018

¿No se está siendo injusto con las escuelas católicas, cuando son las que se han implicado de manera más directa con los nuevos desafíos que traen consigo la integración de la población inmigrante, especialmente en las zonas más desfavorecidas, que ha llegado a Madrid?

Se es injusta cuando se desconoce. La labor que se está desarrollando en las escuelas católicas es impresionante. Nuestro cardenal don Carlos en un encuentro que mantuvimos durante la Jornada Diocesana de Enseñanza nos decía que la escuela tiene que ser un espacio donde debemos convivir todos, creyentes y no creyentes. Obviamente tenemos nuestro ideario propio, somos una escuela católica que profesa su fe, pero no hay colegio católico que  separe. Que diferencie. Que excluya. La exclusión con nuestra fe no pueden estar relacionadas.

Sin embargo habría voces discrepantes que te hablarían de esos colegios católicos elitistas. ¿Ponemos el foco en esa pequeña  minoría y no en la inmensa mayoría?

Totalmente de acuerdo. Cuando se conoce la tarea que se  hace en los colegios de acompañar a las familias, de acompañarlos a  los alumnos, de estar con ellos en cada momento de su vida, con problemas económicos, de violencia, de embarazos no deseados… y también en sus progresos y alegrías, la percepción varía. La iglesia católica está a su lado, no de su lado… como un padre y una madre.

Hablando de padre y madre. Cuando entras por las puertas del San Bernardo y el María Cristina sientes que se respira un aura especial. ¿Cómo se consigue eso de que los alumnos y el cuadro de profesores desprendan ese halo?

Pues viviendo la escuela como si fuera tu casa en la que habita una gran familia. Yo prefiero discutir y luego pedir perdón que el silencio y los rencores. Y en nuestra casa nos queremos como somos. Se te acepta como eres y se te acompaña como eres. Eso es lo que más agradecen los niños, no enjuiciarlos y estar a su lado.

¿Cómo se consigue conciliar siendo  padre de 3 hijos, el último aún un bebito  que acaba de cumplir un año, siendo diácono permanente y estando en cada acto en el que te reclama el cardenal Osoro, y además dirigiendo un colegio?

La  misericordia de Dios es muy grande.  (Risas) Se consigue contando con el apoyo incondicional de mi mujer y rodeándome de un equipo excepcional y muy implicado. Servir a la iglesia que es para lo que me ordené y con voluntad casi todo es posible.

50 Aniversario Colegio San Bernardo en 2016
El colegio San Bernardo nace en el año 1966 fundado por D. Francisco Roca. Desde el 24 de septiembre de 1992 es Fundación canónica, presidida por el arzobispo de Madrid. Su secretario general es el director Titular del colegio San Bernardo que desde el 12 de abril del 2011 recae en Fausto Marín Chiva, fecha en la que se incorpora el colegio María Cristina a esta Fundación.

 

  • Colegio San Bernardo
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¿El bachillerato concertado es un reclamo para los alumnos de una zona como las inmediaciones del Manzanares?

Es una oportunidad de igualar aunque no se parta de la misma línea de salida. Es difícil porque muchos alumnos tienen que compaginar los estudios y algún trabajo para obtener recursos pero su voluntad es un ejemplo para todos.

¿Para qué nace  la Fundación San Bernardo?

Para dar respuestas desde  la fe católica a través del apostolado promoviendo la enseñanza y la evangelización.  El reto del futuro es acompañar a los alumnos de una forma integral a través del apostolado y la educación apostando por el bilingüismo, la innovación  y el desarrollo de la cultura a través del arte.

¿Qué te nubla el corazón?

Las injusticias,  como el dolor que nos ha causado a todos la muerte del pequeño Gabriel. El sufrimiento de los refugiados. Una realidad a la que me he acercado personalmente porque he conocido situaciones concretas de familia que están de paso por Madrid. Me nubla el corazón el sufrimiento del otro, de mi hermano.

Hermano de Fausto
Madre de Fausto

Tu familia no ha estado ajena al dolor con la pérdida traumática de tu hermano en el atentado del 11-M y hace unos años con la de tu madre. ¿Cómo se supera?

Aceptando la voluntad de Dios. Eso me impactó de mi madre. Y esta  Semana Santa me ha marcado mucho el intentar mirar con los ojos de la Virgen como ella acepta la Voluntad De Dios. Y acompaña a Jesús en todo momento. La mirada de María es la mirada del amor, de la fortaleza, de la esperanza…

¿La última carcajada que te han provocado tus hijos?

(Risas que lo anclan de nuevo al presente). Ellos todos los días tienen la virtud de sacarte una sonrisa, cuando te vas a acostar, en el desayuno, tras la escuela. Aunque estés enfadado por algo, saben darte la vuelta. Te obligan a convertirte en niño nuevamente y eso es un regalo.

Mientras conversamos se escuchan las risas de los chavales que te acompañan para hablarnos del proyecto en el que han participado sobre la encíclica Laudato Si… ajenos a todo. ¿Qué aprendes de ellos?

Se aprende mucho con los chicos cada día…. Ahora mismo los estoy mirando y saber la vida que hay detrás de cada uno de ellos y los esfuerzos que hacen por superar sus obstáculos y que acudan a ti… -se le entrecorta la voz y tras recomponerse concluye-,  es algo indescriptible.

Ser maestro es una vocación, pero poder dedicarte profesionalmente a ello es un privilegio.

Encíclica Laudato Sí

Colegio Fundación San Bernardo