“La palabra imposible solo existe para los mediocres”

El Colegio Mayor Juan XXIII Roncalli cumple en este 2018 medio siglo de historia con nombre de mujer. Todo comenzó en 1963, cuando su cofundadora y directora durante cuarenta y seis años, María Ángeles Rodríguez-Ovelleiro, estaba realizando su tesis doctoral sobre las instituciones en Hispanoamérica en el siglo XVIII, apenas tenía 23 años. “El atrevimiento del entusiasmo y de creer en una idea obra milagros” sostiene, a sus 80 años echando la vista atrás, quien ha estado al frente de esta institución desde su inauguración, el 12 de octubre de 1969, hasta el 2014. Por ella han pasado miles de colegialas de 56 países que este año están convocadas, en junio, a reunirse para revivir ese sentimiento de ser triplemente privilegiadas, como llevan por bandera: “Por ser mujer, por ser universitaria y por ser del Roncalli”. En el 2009 el Colegio Mayor se integra en la Fundación Pía Autónoma de las Congregaciones Marianas, la Inmaculada y San José, de la que hoy es patrona. Esta es su historia.

Por Elizabeth Ortega

“Hay que situarse históricamente. Los llamados años 60, para las mujeres que vivíamos la Universidad como el mayor privilegio de nuestra existencia, fueron años llenos de estímulos y de esperanza ante el futuro. Fue un momento de expansión de la sociedad. El número de universitarios aumenta y con él, el de las mujeres que accedían a los estudios superiores en mayor número que en décadas precedentes. La Complutense comprendió la necesidad de construir colegios mayores.

Ya entonces pertenecía a las Congregaciones Marianas, donde  la Madre Emilia Igartua y Landecho, religiosa Esclava del Sagrado Corazón, había puesto en marcha el Colegio diocesano María Inmaculada-Mogambo y el de María Inmaculada de Joaquín Turina, en la década de los 50, que a día de hoy son centros concertados de la Fundación Pía Autónoma de las Congregaciones Marianas, perteneciente a la Archidiócesis de Madrid.

Creamos a su vez una sección de  Universitarias. Vivía la Universidad como si fuera la gloria y me identificaba con el espíritu universalista. De ese grupo de mujeres de las Congregaciones, sale la idea de erigir un Colegio Mayor Hispanoamericano, iniciativa que se reforzó después de conocer por la prensa las condiciones infrahumanas en que vivían las  universitarias llegadas de ese continente a Madrid que ‘vendían su sangre’ para costearse la estancia. Y así entre 1963 y 64 iniciamos junto a   la Madre Emilia  la creación del Colegio Mayor Hispanoamericano – Filipino Juan XXIII Roncalli. Yo tenía 23 años, aún no me había casado”.

La fuerza de su voz y el torrente de energía que desprende toda ella,  te envuelve. Es imposible no quedarte atrapada en la cadencia de su discurso enmarcado en unos labios rojos que a sus 80 años y acompañando un relato de datos precisos,  hilados con dinamismo y aderezados con pinceladas de humor, te incita a esbozar el perfil de la mujer que fue capaz de acariciar un sueño y convertirlo en realidad.

“Aún siendo una Institución centenaria, cuna de la Universidad Occidental y  ‘Ayuntamiento de Profesores y Alumnos’, una Universidad sin Campus, no podría existir ni desarrollarse, de ahí su importancia. La única autoridad que otorga la categoría de Colegio Mayor es la universidad y entre ambos se establecen Convenios, marcando ventajas y sometimientos en los Estatutos de ambas Instituciones. La autoridad que el Rector Magnífico posee, la delega en el Director y es así como el Colegio Mayor Hispanoamericano-Filipino Juan XXIII Roncalli,  el primero y único de esas características se asienta en 1968 en el Campus de la Complutense. La Junta de la ciudad universitaria disponía de varios terrenos. Nos concedieron la parcela número 13 en la calle Ramiro de Maeztu y aquello estaba todo embarrado, ¿te acuerdas?” –le pregunta con complicidad a Pilar Ezquerra Samaniego, la primera colegiala del Roncalli, de la promoción de 1969-70–. Pilar llegó de Chile con mucho miedo en su maleta solo neutralizado por la ilusión de formarse en la capital de España.

“Nuestro deseo era seguir la labor que España inició en América” –recalca María Ángeles R. Ovelleiro–. “Las estudiantes hispanoamericanas llegaban cargadas de proyectos. Eran conscientes de que su presencia daba una imagen internacional, buena para España. Las españolas, con cupo limitado, tardaron más en llegar. En general, las familias  recelaban de un centro dirigido por una mujer casada. Preferían confiar sus  hijas a las Órdenes Religiosas femeninas”. Recuerdo que, cuando llegué al Mayor, le pregunté a María Ángeles que dónde estaba la madre Superiora. Yo era muy joven y buscaba a alguien mayor y ella me contestó que allí no había Madre Superiora. Así que le pregunté por la directora. La tienes delante, me dijo, y yo no sabía qué hacer ni cómo tratarla…” –directora y colegiala intercambian unas risas cómplices–. “Yo me hacía un moño intentando parecer mayor pero apenas le sacaba unos años a las colegialas”, recuerda la fundadora.  

Al Colegio Mayor Juan XXIII Roncalli llegaban mujeres universitarias procedentes de todo el mundo: “Queríamos que fuese un foco de cultura y modelo de convivencia entre mujeres de distintas nacionalidades, estudios y aficiones. La Madre Emilia tuvo mucho que ver en este proyecto porque le encantaba Hispanoamérica y yo había empezado mi tesis sobre las instituciones en Hispanoamérica en el siglo XVIII. Así que entre bromas y veras empezamos a conocer todo lo necesario para embarcarnos en este proyecto, en el que al principio todo lo aprendimos escuchando.

Yo creo que nunca nadie creyó que se materializaría, pero sorteando muchos obstáculos y sometimientos me propuse estar 3 años y estuve 46”. ¿Que cómo se consigue?  A parte de la infraestructura, aprendiendo cada día. Y en cuanto a su difusión, porque vale más caer en gracia que ser gracioso y al atrevimiento mío se sumó la fuerza de creer en una idea. Y eso obra milagros”.

Retomando el hilo de su discurso histórico, prosigue “fui con madre Emilia a que nos recibiera el Ministro de Asuntos Exteriores Fernando María Castiella y Maíz, catedrático de derecho internacional privado, embajador de España en Perú y ante la Santa Sede que nos remitió a  Gregorio Marañón Moya, director del Instituto de Cultura Hispánica lo que ahora es el ICI y empezó nuestra colaboración. Siempre me prometió dinero, pero nunca vimos un duro – carcajadas- pero fue algo maravilloso porque creyendo es esa promesa (y siendo joven no me entraba en la cabeza que alguien prometiera y no cumpliera), junto a la suerte o a la divina providencia, en los bancos creyeron y en el 2003 terminamos de pagar la hipoteca del colegio con un interés del 2’5% a 50 años”.

“La palabra imposible solo existe para los mediocres” remarca Mª Ángeles R. Ovelleiro, que en el café compartido con dos de sus antiguas alumnas, a las que les une una relación de familia elegida, nos cuenta que lo realmente importante es la persona.

“Salvar siempre a la persona. Lo mismo no es válida para este apartado en concreto y  tendrá que encontrar su lugar, pero no se puede condenar el conjunto, siempre hay que salvar a la persona” nos recuerda Ana González, antigua colegiala y Coordinadora del  50º Aniversario del Colegio Mayor, que sintetiza con estas palabras como “a todas nos quedan los valores del Roncalli. Por eso cuando hemos empezado a llamar a antiguas colegialas de todo el mundo no hay quien no te diga: venga, vamos a reunirnos. Para nosotras el Roncalli ha sido una etapa muy importante en nuestras vidas y los lazos no los hemos perdido nunca.”

“De hecho -asevera Mª Ángeles- tenemos una red de contactos muy importante entre nosotras. Raro es el mes que no surge una oportunidad para recomendar una abogada matrimonialista, una médico especialista, un contacto en un país por un viaje… somos una gran familia. Incluso se ha dado el caso de llamar a alguna colegiala a la que tuvimos que expulsar después de habérselo ganado a pulso – por faltas de respeto grave hacia sus compañeras o el personal del Colegio- que pasados los años no dudan en dar un paso y ofrecer su ayuda…” Las risas se entrelazan hilando recuerdos que las devuelven a aquellas instalaciones, que fueron su casa en una etapa crucial de sus vidas.

El Colegio Mayor Juan XXIII Roncalli adscrito a la Universidad Complutense de Madrid de naturaleza hispanoamericana-filipina,  ha albergado a miles de jóvenes de 56 nacionalidades distintas, procedentes de los cinco continentes, que este año están convocadas en junio a reunirse para revivir ese sentimiento de ser triplemente privilegiadas como llevan por bandera y nos recuerda Ana: “Por ser mujer, por ser universitaria y por ser del Roncalli”.

Mª Ángeles apoya su barbilla en la mano y haciendo recuento de ese medio siglo que ya quedó atrás apostilla: Todas me enseñaron a llevar un Colegio Mayor. Escondía mi juventud e inexperiencia detrás de un moño, pero el amor por el espíritu de la Universidad y por las personas… y el boca a boca, hicieron el resto. Es cierto que mediocres no hemos querido nunca en el Colegio, salvo jugando al tenis – risas-, y hemos tenido muy claro que la trascendencia no está en el mañana, hay que buscarla -cada día- en el presente…”

El tiempo ha transcurrido y tras dos horas de conversación fluida, amena, reflexiva y humanista, de esas que se han convertido en un lujo en los tiempos que corren nos despedimos, resonándome en la cabeza: “el atrevimiento del entusiasmo y de creer en una idea, obra milagros” como sostiene quien ha estado al frente de esta institución desde su inauguración el 12 de octubre de 1969 y hasta el  2014. Año en el que toma el relevo su hija Mª Ángeles Martín, Doctora en Biología y Profesora en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

En el 2009, el Colegio Mayor se integra en la Fundación Pía Autónoma de las Congregaciones Marianas, la Inmaculada y San José, de la que hoy María Ángeles Rodríguez-Ovelleiro  es patrona.