“Mi panadería es esa”

Por Elizabeth Ortega

Los ojos inundan su cara salpicada de pecas y algún que otro  churrete que marca la huella de su jornada escolar. Solo una vocecita tintineante desvía mi atención de una sonrisa inabarcable: “Mi panadería es esa” escucho a mis  espaldas, mientras me tiran de la chaqueta y un dedito conduce mi mirada a una escena del belén temático del colegio Cristo de la Guía, en el que los rostros de sus 500 alumnos dan vida a los oficios más dispares que se pueden imaginar en un Nacimiento. El objetivo como señala su directora Pilar Villaverde, está más que cumplido: “pasar de lo abstracto a lo concreto para explicarles a los niños el sentido de la Navidad mientras elaboramos nuestro Belén, involucrando a toda la comunidad educativa, que incluye a los padres, para que el resultado final  sea sentido por todos como algo propio”. Las hay incluso que se han apropiado de la panadería. Objetivo cumplido.

“Si quieres construir una nave, no reúnas a los hombres para hacerlos recoger la madera, para distribuir las tareas, y dividir el trabajo, sino enséñales la nostalgia del mar amplio e infinito”

Saint Exupery

Esa cita del escritor francés, Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito, se ha convertido en el lema del colegio Cristo de la Guía, enclavado en el barrio de Vicálvaro. La realidad multicultural de esta zona de Madrid es un aliciente para este centro de iniciativa social de la Iglesia Católica que presta sus servicios, a todos aquellos que acepten su propuesta educativa.

Para rastrear las raíces de este colegio nos tenemos que remontar a 1970, cuando el crecimiento de Vicálvaro toma fuerza y se erige la parroquia Stmo. Cristo de la Guía. Desde su creación ya está presente la  necesidad de ayudar a las familias, en las que ambos progenitores trabajan, a conciliar vida laboral y  la atención a los pequeños. Y para ello se abrió una “guardería laboral”. Ese fue el germen del colegio Cristo de la Guía que desde hace  7 años dirige Pilar Villaverde.

“Hace mucho tiempo  encontré esa frase de Exúpery que me inspiró y la traje conmigo cuando me encomendaron  la dirección de este colegio en el curso escolar 2011-12. Estamos acostumbrados a decirle al niño qué tiene que hacer y cómo lo tiene que hacer. Pero nuestra función es despertarle el gusanillo y ayudarle a experimentar la nostalgia del mar amplio e infinito”.

Sus profundos ojos verdes que rematan una sonrisa tatuada, nos muestran a una maestra vocacional que vive por cada poro de su piel el privilegio de acompañar a los niños en su proceso de crecimiento personal. El colegio está mimado como quien cuida cada detalle de su hogar.  A la entrada, junto a la bandera del centro, nos recibe esa cita del autor de El Principito, la misma que decora su despacho  y que un día inspiró el modelo de aprendizaje que quería que le guiara en su camino como  docente. Y que aplica a tareas tan dispares como el juego con hojas secas o el montaje de un Belén.

“Los adultos tenemos un tiempo de espera – se para para construir bien la línea discursiva de su pensamiento-  pero para el niño es algo abstracto. El niño no espera hace, y el Belén es un elemento pedagógico inmejorable para que el niño se prepare para el nacimiento de Jesús con toda la carga simbólica que conlleva. Un Belén que este año han coordinado Manu y Pablo”.

“La peculiaridad de este Belén es que hemos querido  que toda la comunidad educativa participe -sostiene con una serenidad entusiasta el profesor Manuel  García- .Todos los años nos reinventamos la temática para que no se pierda el interés. En ediciones anteriores hemos montado un Belén con los edificios emblemáticos de Madrid y el año pasado nos atrevimos con uno náutico, en el que utilizamos cientos de litros de agua para que la vida del Portal estuviera vinculada a las actividades acuáticas. El de este año os lo explica Pablo”.

Y Pablo Ruiz Boj, es puro nervio concentrado en un cuerpo espigado y locuaz que comunica sin necesitar despegar los labios. “La apuesta temática ha sido tradicional pero dándole cabida a 500 personajes para que todos los alumnos del colegio estén representados en el Belén. Y para ello hemos involucrado a todas las familias que en su proceso creativo nos han regalado personajes tan dispares como soldados del ejército español, barrenderos con chalecos reflectantes o un afilador con moto. Por nuestra parte le  hemos dado mucha  importancia al coro que está creciendo y sonando muy bien, y como en todo Nacimiento, las acciones giran en torno al misterio que aún no cuenta con el niño Jesús porque aún no ha nacido”.

Al preguntarle por lo esencial de este Belén, ese derroche de pura energía se repliega por unos instantes y con una sobriedad pasmosa sentencia “Lo esencial es que cualquier pequeño detalle por insignificante que parezca es fundamental, porque la suma de cada una de esas peculiaridades es lo que lo hace único”.

Lucía Yanguas
Lucía Yanguas
Lucía Yanguas
Lucía Yanguas
Lucía Yanguas