No es lo mismo

Orden Hospitalaria de San Juan de Dios

Por Elizabeth Ortega

“No es lo mismo ser que estar, ni es lo mismo estar que quedarse, ¡qué va! Será que ni somos, ni estamos. Ni nos pensamos quedar. Pero es distinto conformarse o pelear…” y ese es el objetivo marcado por   la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios que ha lanzado la Campaña de sensibilización “La Vida Misma” que dirige nuestra mirada cómplice, tácita y adormecida a la realidad de las personas sin hogar y en situación de vulnerabilidad con la que convivimos y de la que no estamos exentos.  “No todas las personas tenemos la misma vida, pero todas somos parte de la vida misma”. Y en ella sobreviven casi 3 millones de personas en nuestro país con menos de 342 euros al mes lo que explica que más de 5 millones sean víctimas de la pobreza energética. Pero como musicaba Alejandro Sanz: No es lo mismo, vivirlo que verlo pasar y así invisibilizamos a más de 40.000 hombres y mujeres con nombre propio, que en España, se encuentran viviendo en la calle.

 

Se respiraba satisfacción en el ambiente. Medio centenar de personas nos dábamos cita en una sala del CaixaForum de Madrid a las 11 de la mañana del pasado jueves 24 de mayo para asistir a la presentación de una campaña de sensibilización sobre personas sin hogar y en situación de vulnerabilidad, vanguardista en forma y contenido.  Y es que ante los mismos estímulos ofrecemos las mismas reacciones y parece que hemos interiorizado como algo inevitable la pobreza ajena, culpabilizando al desheredado para así lavar conciencias. La OHSJD quería llamar la atención sobre esta realidad sin artificios ni sensiblerías y lo ha conseguido dando vida a Hamida, Teresa y Paco, María y Manuel a través de un cómic que ofrece un mapa sociodemográfico y antropológico de nuestra sociedad.

Pobreza severa, energética, los llamados trabajadores pobres y el sinhogarismo son realidades que padecen miles de personas, y que pone de manifiesto la campaña “La Vida Misma”, con el objetivo de reducir la estigmatización que sufren, identificar y conocer datos de esta población y provocar una reflexión que conduzca a la acción.

Nos recibía Alejandro Fernández de las Peñas, Director del área comercial y educativa de la Fundación Bancaria “la Caixa”, que fijó nuestra atención en el término “Aporofobia”, el neologismo que da nombre al miedo, rechazo o aversión a los pobres, elegida palabra del año 2017 por la Fundación del Español Urgente, promovida por la Agencia Efe y BBVA.

Un término acuñado por la filósofa española Adela Cortina relativamente novedoso que alude, sin embargo, a una realidad social muy antigua y arraigada. De hecho hablamos de racismo y xenofobia cuando en realidad es aporofobia. No rechazamos al extranjero, sino al pobre.

En Europa se estima que hay en torno a cuatro millones de personas sin hogar que viven en la calle, y en España la cifra se situaría cerca de las 40.000, según datos de Cáritas. De hecho, “las personas sin hogar son la punta del iceberg, y no son personas incapaces de gestionar su vida o con características propias. Todos hemos vivido en algún momento situaciones que nos han colocado en lugares de mayor o menor vulnerabilidad, debido a una depresión, una separación o la pérdida del trabajo” remarcó Laura Guijarro, representante de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en la Federación Europea de Organizaciones Nacionales que trabajan con personas sin hogar. Solo en España la OHSJD  atiende a cerca de 45.000 personas en situación de vulnerabilidad a través de diversos servicios sociales, de higiene, salud y garantía alimentaria en más de 20 centros.

Jamás hubiera imaginado que una de esas personas atendidas sería ese hombre de mirada azul afable que me cedió el paso en la puerta, minutos antes de empezar la convocatoria. El pelo canoso, sus zapatos lustrosos y unas manos rematadas por unas uñas cuidadas jamás me hubieran invitado a intuir que no hacía muchos años atrás, quedó atrapado por la calle. Y es que no es lo mismo imaginarse, que saber y escuchar. Así que lo escuché atentamente como empezaba a relatar entre pinceladas de orgullo, pudor y culpabilidad como fue el proceso de declive personal que lo llevó a ser una de esas personas que se quedan literalmente solos y en la calle. A principios de mes acababa de cumplir 60 años. Y lo decía como quien cada día tiene la humildad de agradecerle a Dios un nuevo día regalado. Propio de quien se vio frente al abismo de la muerte y le ganó una tregua.

Le temblaban más las manos, aferradas a unos  folios que intentaban ser el diario de una superación, que la voz, con la que se presentó ante nosotros:   “Me llamo Vicente Ramón viví varios años en la calle. Si hace tan solo cinco años alguien me hubiese dicho que iba a cumplir los 60, le habría dicho que estaba loco… La primera semana que me encontré sin hogar fue sin duda una de las peores de mi vida. Durmiendo en la calle, aseándome en los baños de tiendas, grandes almacenes y bares, y dejando que pasara la noche para que abriera el metro y poder entrar en calor“. ¿Qué cómo llegué a esta situación? En respuesta a una pregunta de los asistentes. “Por una serie de malas decisiones tomadas reiteradamente sin pararme a pensar en adoptar medidas que frenaran la caída libre. Una separación, una pérdida de trabajo, el abandono del pago de las letras, te cortan la luz, el agua y un día te desahucian porque no pagas el alquiler. Y tus familiares te tienden la mano pero también se cansan… Y al final dejé de ser una persona para convertirme en un problema. Al exponer públicamente mi  caso lo que pretendo – enfatizó Vicente – es poner de manifiesto cómo la vida nos puede llevar, a nada que nos descuidemos, a recorrer lo que yo he acabado por llamar un largo camino de la angustia a la esperanza”.

Una esperanza que se la devolvieron las personas que trabajan en  el Albergue San Juan de Dios y el de Santa María de la Paz en Madrid donde le ayudaron a reconstruirse. Hace dos años, en el  2016 consiguió un trabajo estable a través de unos amigos, “lo que me permitió recuperar el control de mi vida y dejar de depender de los demás”.

El aplauso se prolongó por minutos y Vicente fue capaz de recibir ese reconocimiento improvisado de quienes lo escuchamos atentamente como un ejemplo de superación que cada uno podíamos trasladar a nuestros ámbitos vitales y es que  “No todas las personas tenemos la misma vida, pero todas somos parte de la vida misma”.

Lo más dramático de este panorama es que la recuperación económica no frena el aumento de esta cruda realidad que mantiene a 4 millones de personas en Europa sin un hogar. Sólo Finlandia está consiguiendo aplicar políticas y actuaciones que están erradicando este problema de manera integral.

Todos los vídeos, testimonios y materiales de la campaña coordinada por Marrita Guerra, y cuyo ilustrador es Juan Barrio,  se encuentran en la web www.lavidamisma-sjd.org . Además en distintas ciudades de España se llevará  una instalación original que podrá visitarse en distintos hospitales y centros de San Juan de Dios de Barcelona o Sevilla. De momento la instalación  se puede visitar ya en el Hospital San Rafael de Madrid y se podrá participar activamente a través de las redes sociales, porque los pequeños gestos cuentan.

www.lavidamisma-sjd.org