«Salid al mundo y amad»

«Nunca has mirado a una mujer y te has sentido vulnerable, ni te has visto reflejado en sus ojos. No has pensado que Dios ha puesto un ángel en la Tierra para ti, para que te rescate de los pozos del infierno. Ni qué se siente al ser un ángel y darle tu amor y darlo para siempre. No sabes lo que se siente al perder a alguien, porque sólo lo sabrás cuando ames a alguien más que a ti mismo. Dudo que te hayas atrevido a amar de ese modo».

Aún seguía el profesor y periodista José Francisco Oceja su discurso reflexivo apoyándose en citas de El Indomable Will Hunting cuando una imagen captó mi atención: uno de los chicos le mostraba a su compañero de graduación que tenía la piel de gallina. Y es que la emoción fue el hilo conductor del Acto de Clausura del curso escolar 2016-17 del colegio San Francisco-El Pardo, en el que se despedían los alumnos de 2º de Bachillerato a los que el comunicador les  retaba: «Salid al mundo y amad». Quizás no haya nada más revolucionario y comprometido que dejarse el alma en el tránsito de la vida.

Con puntualidad militar, a las 12.00 del mediodía del jueves 18 de mayo, el patio del colegio iniciaba su ceremonia con el tradicional Izado de Bandera, ante la presencia de autoridades civiles, militares y religiosas, profesores, familiares y alumnos convocados al evento.

«Pudiera parecer un poco extraño que a un acto del colegio se inviten a autoridades no relacionadas con el mundo de la enseñanza – nos explica Mª Teresa Rueda, directora del centro-, pero en El Pardo todos colaboramos con todos: Acuartelamiento General Zarco del Valle, Guardia Real, Servicio Cinológico y Remonta de la Guardia Civil, Policía Nacional, Patrimonio Nacional, fundación Virgen de la Almudena, Hermanos Capuchinos del convento de El Cristo de El Pardo, párroco castrense, Archidiócesis de Madrid, incluyendo también las asociaciones de vecinos, entre otros. Ese es uno de nuestros valores añadidos».

En pie y con un silencio respetuoso, no impostado, los congregados recibieron este momento simbólico protagonizado por dos alumnos de 1º de ESO, con una emoción que se supo alimentar durante la hora en la que transcurrió el acto.

 

Era casi imposible que alguno de los alumnos no fueran merecedores del reconocimiento que siempre supone la entrega de una medalla por haber destacado en el Torneo de Navidad de voleibol, el de atrapa la bandera, el de béisbol, el concurso de decoración navideña por clases, a la mejor felicitación, a los postres más refinados para esas fiestas…, a la liga interna de bádminton en las categorías de cadete y juvenil, a la liga interna de fútbol, de voley o  de hockey. Pero además de las destrezas deportivas y culinarias, también se premió el buen uso de la biblioteca, que junto al laboratorio son los dos tesoros de infraestructura del colegio San Francisco- El Pardo.

Asimismo, el claustro de profesores quiso otorgar una mención especial a dos alumnos por su entusiasmo e implicación en la elaboración de la revista escolar, a los estudiantes comprometidos con la gestión de la biblioteca,  el fomento de actividades lúdicas y deportivas con sus compañeros, así como se reconoció públicamente la inteligencia de una alumna en el aprovechamiento de sus dones, su constancia y esfuerzo, su voluntad conciliadora y su capacidad para contagiar su alegría a compañeros y profesores, una de las cualidades en las que se hace presente Dios.

 

Como les anticipé resultó complicado no ver a alguno de los estudiantes presentes con una o varias medallas reconociendo su esfuerzo  y capacidades específicas. Y no sólo ellos se fueron con ese abrazo de aplausos, también el Equipo Directivo quiso valorar con cariño el esfuerzo personal, más allá del que se le exige profesionalmente, a los profesores Jorge Jareño y Félix Burgaleta por la coordinación de la revista escolar y la gestión del proyecto 4º ESO + EMPRESA respectivamente, con el que se han acercado a la realidad laboral.

Ya habían transcurrido 45 minutos pero el clímax se estaba alcanzando en este momento en el que las clases rendían una ovación a estos profesores implicados en el éxito del proyecto escolar y personal de cada uno de sus alumnos. Una de ellas me confesaba que cuando se licenciara después de ver a su madre le llevaría el título a Jorge por lo que la había ayudado a creer en sus posibilidades, y otro  agregó que Félix a través de la pasión que compartían por la música había conseguido sacar de él más de lo que ni el mismo hubiera imaginado.

Ya entrábamos en el desenlace del acto, cuando Mª Teresa Rueda, directora del colegio y en nombre de la comunidad educativa quiso mostrarle su agradecimiento a Don Avelino Revilla Cuñado que hasta el curso anterior, fue el titular del centro, por hacer lo imposible durante una década para que el colegio continuara formando a sus alumnos a pesar de los avatares.

«… Avelino, pusiste lo necesario para conseguirlo: la burocracia pertinente y la fe en un proyecto que no prometía riqueza económica, sino humana y espiritual… y en tu compañía estamos consiguiendo lo que en aquel momento parecía imposible y es que el colegio continúe su andadura… con la misma ilusión y el mismo empeño…»

 

Ni el Vicario General, que había puesto varias medallas y recibido besos y abrazos, pudo escaparse en este momento de mostrar en el brillo de sus ojos, que sinceramente habían conseguido emocionarlo y que le hacía especial ilusión ese reconocimiento en formato de detalle tecnológico – porque le gusta estar al día también en estos menesteres-, que recibió de la mano de Mª Teresa, directora y amiga, con la que se fundió en un emotivo abrazo.

A ella le correspondía el honor y la responsabilidad de cerrar una ceremonia con un discurso en el que no se parapetó, descubriéndose en cuerpo y alma, como vive y siente su colegio. Su formación en ciencias se dejó entrever en sus palabras. Se dirigió a sus alumnos recordándoles que no siempre recibirán el reconocimiento acorde a su esfuerzo, ni serán justas las circunstancias que marquen algunos episodios de sus vidas. Y les lanzo el siguiente reto: ” Ahora os incito a plantaros cada día delante de esas personas tóxicas que pretenderán convenceros de que la realidad es incompatible con vuestros sueños y que les demostréis  que con un profundo conocimiento de quiénes sois junto con el esfuerzo, la pasión y la ilusión se puede cambiar esa realidad, sobre todo si tenemos en cuenta que como dice la Dra. Sonia Fernández Vidal (Física Cuántica), la realidad no es tal verdad fija  y objetivable, es voluble y cambiante al observarla”.

Ya las lágrimas de los alumnos a los que a continuación les impondrían la beca de honor de su graduación corrían a sus anchas por las mejillas de adolescentes, que tomaban conciencia del ritual de paso a la vida adulta que estaban protagonizando. Uno a uno salieron los alumnos a los que se rendía este homenaje.

Cada cual haciendo alarde de su personalidad, fue recibiendo y haciendo suyo ese momento ya para el recuerdo de su historia vital, y con un ritmo perfectamente medido y acompasado dos representantes de los alumnos de 1º de Bachillerato se dirigieron a los compañeros graduados, sabiéndose que ya entraban en el remplazo para el curso siguiente. A continuación otra pareja,   en representación de los catorce alumnos que se despedían, recorrieron en su discurso algunos de los recuerdos macerados en esa etapa vivida en aquel centro, que los recibió como chiquillos y los despedía como adultos.

El acto se finalizó con la oración de San Francisco con la que se les deseaba que la paz, verdad y armonía les acompañara en sus vidas y con el Arriado de Bandera que volvió a poner al auditorio en pié, ya con más emoción que nervios, porque la suerte ya estaba echada.

Tras la foto de rigor con el monte de El Pardo de fondo, los alumnos, padres, profesores e invitados sellaron con algún brindis en el cóctel en el que se despedían a estos alumnos que han pasado por el  Colegio San Francisco – El Pardo, y por los que el colegio ha pasado dejando una huella imborrable al grabarles a fuego lento esa máxima de San Francisco: «Comienza haciendo lo necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible».

Elizabeth Ortega / Texto y Fotografía