«Si todos somos vulnerables, que nadie sea vulnerado»

Por Elizabeth Ortega

Esta fue la sentencia con la que el periodista Fernando Ónega, que ha seguido minuciosamente el I Congreso Mundial de Bioética de la Orden de San Juan de Dios, durante 4 días, resumió las 18 conclusiones finales que presentó en el acto de clausura:“si todos somos vulnerables, que nadie sea vulnerado”. Y para ello animó directamente al Cardenal-Arzobispo de Madrid, Carlos Osoro a que impulsara la comunicación de todo lo que se hace dentro de la Iglesia. Por su parte Don Carlos trasladó a los Hermanos de la Orden su admiración por la labor que realizan y por impulsar la cultura de la hospitalidad y el encuentro.

Un hilo conductor ha ido cobrando fuerza en el transcurso de las jornadas del congreso en el que se han reunido más de 500 participantes de los cuatro continentes: si la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios ha sido pionera en la aplicación de la bioética como disciplina que busca minimizar errores y preservar la dignidad de las personas, en todas las etapas de su vida, la Iglesia, en su conjunto, tiene que abanderar la búsqueda de la calidad de vida y la felicidad del ser humano, dando respuestas bioéticas a los problemas que se les presentan a los cristianos.

Con un rigor intelectual que ha sorprendido a ponentes y asistentes, el I Congreso Mundial de Bioética de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, en el que han estado representados 25 países, con expertos en diversas disciplinas como la ética, la medicina, la discapacidad, la pobreza y el desarrollo, la economía y la religión, se ha clausurado con un mensaje unánime: todos estamos en la obligación moral y ética de trabajar desde los distintos ámbitos para crear sociedades más humanas y justas. Pero las instituciones que trabajan desde la Iglesia para la sociedad deben ser un modelo que ejemplifique que se trabaja con personas y para personas, colocando la dignidad del ser humano en el centro.

 Estas fueron algunas de las conclusiones que se pudieron escuchar en un acto de clausura en el que Carlos Osoro, Cardenal-Arzobispo de Madrid, recogió el guante de Ónega, sobre la necesidad de apostar más por la comunicación, devolviéndole una sonrisa desde su asiento en la primera fila y ya en su discurso animó a los Hermanos de San Juan de Dios a continuar con su labor, impulsada por la cultura de la Hospitalidad y el encuentro.

Bajo el título “La Pontificia Academia para la Vida y nuevos desafíos de la Bioética” el presidente de la Pontificia Academia para la Vida, Monseñor Vincenzo Paglia   compartió unas reflexiones en la que sostenía que la salud será uno de los pilares centrales del futuro sistema económico occidental, y “este horizonte ha de ser estudiado atentamente para poder ofrecer respuestas ético-humanísticas a la altura de los enormes potenciales positivos y negativos que afectan a la sociedad civil y, a las formas de convivencia  humana” (…) “El organismo del ser humano puede ser analizado, descompuesto y manipulado en su más mínimo componente, situándonos en un horizonte nuevo e impredecible” (…) y “las nuevas tecnologías, debido a su sofisticación, complejidad y enorme eficacia, se presentan hoy en día como el punto de referencia del desafío ético actual”.

Para cerrar el turno de palabras el Hno. Jesús Etayo, Superior General, destacó: “Hemos descubierto la amplitud de la bioética y espero que el Congreso nos sirva para mantener el compromiso por seguir trabajando y abordando las nuevas situaciones que el mundo nos plantea en nuestros días”.

En su discurso un reconocimiento explícito a las entidades e instituciones que han hecho posible la celebración de este congreso. Entre ellas la fundación El Buen Samaritano, la Fundación Santísima Virgen Y San Celedonio y el Instituto San José que se integran en la Delegación Episcopal de Fundaciones de la Archidiócesis de Madrid.

La jornada de clausura del jueves concluía con la celebración de una misa oficiada por Don Carlos Osoro, cardenal de Madrid. Tras ella, un almuerzo de despedida en el que se intercambiaban teléfonos y deseos de mantener un contacto directo y se echaba en falta el compromiso de fijar en el 2020 otra posible edición de este Congreso Mundial que ha formado a 500 líderes que exportarán hasta sus centros y diferentes países una conciencia de bioética que se ha interiorizado como un elemento imprescindible y diferenciador.

Por la tarde, visita al monasterio de El Escorial, muchos abrazos y alguna que otra lágrima contenida por la intensidad de la convivencia mantenida durante un congreso con el que se ha hecho historia.